Jerusalén. Israel confirmó el cierre del Consulado General del Reino Unido en Jerusalén, una medida que ha provocado un nuevo choque diplomático entre ambos países. Londres, por su parte, rechazó la autoridad legal de Israel para ordenar el cierre y reafirmó que considera Jerusalén Este un territorio ocupado.
El ministro de Exteriores israelí, Gideon Saar, informó que el cónsul general y otros 19 diplomáticos británicos concluirán sus funciones y abandonarán Israel. No obstante, siete funcionarios permanecerán en el inmueble para desarrollar actividades limitadas que no incluirán labores consulares.
La decisión fue adoptada como represalia por las medidas anunciadas por el Gobierno británico contra productos procedentes de asentamientos israelíes en Cisjordania, considerados ilegales por gran parte de la comunidad internacional y el derecho internacional.
El consulado, cuya presencia en Jerusalén se remonta a casi 200 años, se encuentra en la zona oriental de la ciudad, ocupada por Israel en 1967 y posteriormente anexada en 1980, una acción que no cuenta con reconocimiento internacional.
Londres rechaza la medida
El Gobierno británico manifestó que no reconoce el derecho de Israel a cerrar su consulado y anunció que continuará trabajando para revertir la decisión mediante negociaciones.
El ministro británico de Exteriores, Ed Miliband, señaló que el edificio pasará a denominarse Misión del Reino Unido y seguirá proporcionando servicios esenciales a la población palestina. Sin embargo, el personal diplomático y sus familias serán retirados temporalmente por razones de seguridad.
Miliband reiteró además la posición histórica de Londres de considerar Jerusalén Este como territorio ocupado y defendió la permanencia de la representación británica en la ciudad.
Más medidas contra Reino Unido
El cierre del consulado forma parte de un conjunto de acciones adoptadas por Israel contra el Reino Unido. Entre ellas figuran la salida de representantes británicos de un centro de apoyo a Gaza, la prohibición de entrada a Israel de 11 parlamentarios y un abogado británicos, y la suspensión de programas de capacitación dirigidos a las fuerzas de la Autoridad Palestina en Cisjordania.
Saar defendió las represalias y advirtió que Israel busca mantener relaciones positivas con otros países, pero que los gobiernos que adopten medidas consideradas perjudiciales para sus intereses deberán afrontar consecuencias.
La disputa añade tensión a las ya complejas relaciones entre Israel y el Reino Unido y vuelve a colocar en el centro del conflicto la situación de Jerusalén Este, los asentamientos israelíes y la relación de las potencias europeas con los territorios palestinos.




