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Salvador Levy

Raquel Peña, el alfil táctico para intentar frenar el crecimiento de Carolina Mejía

Santo Domingo. En el tablero interno del Partido Revolucionario Moderno, Raquel Peña ya no se mueve como una precandidata que acumula, sino como una pieza que el entorno de David Collado intenta colocar para contener el avance de Carolina Mejía. El problema es de tablero: un alfil sin casillas propias termina dependiendo del color del que lo mueve.

Durante meses la carrera hacia 2028 se narró como el proyecto de Collado contra el resto. El ministro de Turismo concentraba ministerios, operadores y la red más visible de senadores y alcaldes. Carolina Mejía, alcaldesa del Distrito Nacional, figuraba en segundo plano: gestión municipal, presencia, pero sin romper ese cerco. Esa fotografía empieza a cambiar, y no por un discurso. Cambia porque la dirigencia se le está yendo encima. Dirigentes nacionales, legisladores y operadores que hasta hace poco miraban solo hacia Turismo hoy se sientan en su mesa. No es un reflejo prestado. Mejía llega con luz propia: el control del Distrito Nacional, una agenda que ya no cabe en el municipio y una capacidad de convocatoria que el partido empieza a tratar como hecho, no como cortesía.

Ese crecimiento es el que incomoda. Frente a Collado ya no hay un vacío, hay una opción que antes no existía: alguien capaz de disputarle bases, territorios y fichas nacionales, no solo el margen de la conversación. Mientras más dirigentes se le suman, más difícil resulta vender la carrera como un camino de un solo carril.

Ahí aparece la travesura. En marketing se llama estrategia de flanqueo, o flanker: la empresa que domina el anaquel no baja el precio de su producto estrella ni lo expone a una pelea frontal. Lanza una segunda marca, el producto flanqueador, para ocupar el segmento por donde el rival está entrando, absorber el ataque y proteger la posición del principal sin canibalizarlo. El equipo de Collado parece estar aplicando el manual. David sigue siendo el producto estrella —gestión, red, continuidad ejecutiva—. Raquel se lanza como franqueadora: ocupa el flanco que Carolina estaba tomando sola, el de la mujer con cargo nacional y discurso de relevo, para que ese espacio no quede libre. El candidato no se desgasta enfrentando a la alcaldesa. La vicepresidenta estorba, divide el relato y deja el centro intacto para él.

El cargo da micrófono, protocolo y el reflejo institucional. En un partido que todavía no ha abierto formalmente la competencia, eso basta para sembrar duda: si hay dos mujeres en la conversación, el crecimiento de una se lee menos como oleada de dirigencia y más como fragmentación. Elvys Duarte, director operativo del equipo de Peña, ya puso la frase en circulación —2028 tiene rostro de mujer— y respondió, consultado sobre un eventual respaldo a Collado, que Raquel se apoyará a ella misma. En el manual del flanqueo esa distancia es parte del diseño: el producto secundario no puede verse como submarca, o pierde credibilidad. Tiene que parecer autónomo aunque su función sea cubrir el flanco del principal.

La pregunta incómoda es con qué se sostiene la franqueadora. El proyecto de la vicepresidenta llegó a armar coordinación —en 2025 se anunció la incorporación de Rafael Adolfo Pérez de León— y luego se desarticuló. A mediados de septiembre circularon versiones de un abandono de la aspiración y de reuniones para reubicar a quienes habían apostado por ella. Figuras de ese entorno, entre ellas Víctor Atallah, Julio Landrón, Mario Lama y Guillermo Lama, pasaron a orbitar el proyecto de Collado. El escándalo de Senasa, que derivó en querellas de la oposición contra decenas de funcionarios y empresarios —incluida la propia vicepresidenta, sin que eso equivalga a una condena—, dejó un costo que los operadores leen antes que nadie: alrededor de Peña ya no se concentra poder, se dispersa.

Lo que queda es el reconocimiento que da el cargo. Peña puede recorrer provincias y repetir que el PRM debe llegar unido a 2028. Nada de eso sustituye una estructura que se fue. Collado retiene la red más grande del oficialismo y, además, el beneficio de una pieza que le cubre el flanco. Mejía, con luz propia y con dirigencia nacional que se le sigue sumando, es la que está cerrando la distancia en el terreno. Peña tiene la Vicepresidencia. En política, como en el anaquel, el flanqueador abre espacio. No lo conserva cuando el equipo ya cambió de bando.

Por eso la lectura táctica pesa más que la de precandidatura. Mientras Carolina crece por la cantidad de dirigentes que se le unen, y se afirma como la alternativa real a Collado, mantener a Peña en el escenario sirve para diluir ese relato y ganar tiempo. Es un alfil útil en la apertura, y un producto de flanqueo conveniente para el equipo que no quiere gastar la marca principal. Sin casillas propias, y con los peones ya en otro color, es también la pieza más fácil de retirar del anaquel cuando la partida se ponga seria.

 

Por: Salvador Levy

Analista politico

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