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Salvador Levy

Lula y Leonel, los candidatos que más veces han aspirado en Latinoamérica actualmente

En un continente donde los liderazgos tienden a durar más de lo que las constituciones imaginan, dos nombres siguen apareciendo en las boletas con una constancia que ya resulta casi biográfica. Luiz Inácio Lula da Silva, a los 80 años y en plena campaña de 2026 por Brasil, y Leonel Fernández, que a los 72 no descarta volver a las urnas dominicanas en 2028, encabezan la lista de quienes más veces han buscado la presidencia en la Latinoamérica contemporánea y aún permanecen en la cancha.

La carrera de Lula es la más larga y la más documentada. Empezó en 1989, en las primeras elecciones directas después de la dictadura, cuando llegó a la segunda vuelta y perdió contra Fernando Collor. Volvió en 1994 y 1998, y las dos veces Fernando Henrique Cardoso lo superó. La victoria llegó en 2002 contra José Serra; la reelección, en 2006 contra Geraldo Alckmin. Después vino el hiato forzado de 2018, cuando el Tribunal Superior Electoral le impidió competir por la condena de Lava Jato (luego anulada), y el regreso triunfal de 2022 frente a Jair Bolsonaro. En 2026 disputa por séptima vez. De las diez elecciones presidenciales celebradas desde la redemocratización, ha estado en siete.

Leonel Fernández no alcanza ese número de participaciones, pero su persistencia es comparable en el contexto dominicano y regional. Fue candidato a la vicepresidencia en 1994 junto a Juan Bosch. Ganó la presidencia en 1996, la recuperó en 2004 y se reeligió en 2008, completando tres mandatos no consecutivos en total. Tras dejar el Partido de la Liberación Dominicana y fundar Fuerza del Pueblo, regresó en 2020 (tercer lugar) y en 2024 (segundo). Hoy, mientras Abinader gobierna, Leonel aparece en las encuestas como la figura más sólida de la oposición y no cierra la puerta a 2028.

Lo que une a ambos no es solo la cantidad de veces que han pedido el voto, sino la manera en que el sistema político de sus países les ha permitido —o les ha obligado a— insistir. En Brasil, las reglas de reelección y los períodos de inhabilitación temporal no impidieron que Lula siguiera siendo el referente de su partido. En República Dominicana, las reformas constitucionales que limitaron la reelección consecutiva o permanente a otros no le cerraron del todo el camino a él. Ambos han gobernado en épocas de crecimiento económico relativo y ambos cargan con el desgaste que deja el ejercicio prolongado del poder: acusaciones de corrupción (más pesadas en el caso de Lula), críticas a la concentración del liderazgo y la sensación, en parte del electorado, de que representan un pasado que se niega a pasar.

En Latinoamérica actual es difícil encontrar figuras activas con trayectorias tan reiteradas. Hay reelecciones recientes (Bukele, Abinader, Noboa), pero pocos nombres que hayan cruzado tres o cuatro décadas presentándose una y otra vez. Ciro Gomes en Brasil o algunos caudillos históricos de otros países se acercaron en algún momento, pero ya no están en la competencia inmediata. Lula y Leonel sí lo están.

La insistencia tiene un costo y un capital. El costo es la polarización y el agotamiento de una parte del electorado que pide renovación. El capital es la marca reconocible, la red territorial y la capacidad de movilizar incluso después de derrotas o de períodos fuera del poder. En un 2026 brasileño que ya va a segunda vuelta y en un escenario dominicano que se calienta hacia 2028, ambos demuestran que, al menos por ahora, la política latinoamericana sigue premiando la perseverancia de quienes aprendieron a volver.

 

Por-Salvador Levy

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