A un mes del devastador doble terremoto que sacudió Venezuela, familiares de las víctimas continúan con la búsqueda de sus seres queridos entre los escombros, mientras reclaman respuestas y exigen que ningún desaparecido quede en el olvido.
Los movimientos sísmicos de magnitud 7,2 y 7,5, ocurridos el pasado 24 de junio, dejaron una profunda crisis en varias zonas del país, especialmente en Caraballeda, estado La Guaira, una de las localidades más afectadas por la tragedia.
Con palas, picos y equipos de protección, decenas de voluntarios y familiares excavan túneles entre los restos de edificios destruidos con la esperanza de encontrar señales de vida o recuperar los cuerpos de sus allegados. En algunos casos, los rescatistas han seguido indicios como la presencia de insectos o posibles sonidos provenientes del interior de las estructuras colapsadas.
Uno de los equipos de búsqueda aseguró haber detectado un posible golpe y señales de calor bajo los escombros, lo que generó un nuevo operativo con la participación de bomberos y ambulancias. Los voluntarios mantienen la esperanza de hallar sobrevivientes, aunque también continúan trabajando para recuperar a quienes fallecieron.
Según organizaciones ciudadanas, cerca de 5.400 personas han muerto y alrededor de 29.400 permanecen desaparecidas, aunque las cifras oficiales no incluyen un registro completo de estos casos.
“Tenemos que sacar a nuestra familia, sea como sea. No podemos dejar a nadie atrás”, expresó Javier Navarro, un hombre que busca a nueve familiares entre las ruinas de una urbanización afectada. Tras encontrar los cuerpos de su madre y su abuela, continúa colaborando junto a otros parientes para localizar a más víctimas.
Además de enfrentar las difíciles condiciones de rescate, algunas familias denuncian problemas administrativos en hospitales y morgues, donde aseguran que varios cuerpos recuperados quedaron sin identificar o fueron extraviados durante el proceso de traslado.
Un caso que refleja esta situación es el de Amir Infante, un joven de 16 años que sobrevivió varias horas atrapado bajo los escombros antes de fallecer tras ser rescatado. Su familia asegura que, pese a haber entregado el cuerpo a un hospital, posteriormente no logró ubicarlo para realizar el funeral.
Ante estos casos, las autoridades anunciaron procesos de identificación mediante pruebas de ADN para reconocer a los cuerpos que aún permanecen sin nombre.
Mientras tanto, familiares y comunidades continúan levantando altares improvisados entre los restos de los edificios destruidos, colocando flores y oraciones en memoria de las víctimas. La búsqueda sigue marcada por el dolor, pero también por la determinación de quienes aseguran que no abandonarán a sus seres queridos.




