El gobierno de Cuba criticó este martes al presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, por su decisión de romper relaciones diplomáticas con la isla, y señaló que el anuncio evidencia su “clara subordinación a la política de división y confrontación de Washington”.
Decisión de De la Espriella
El mandatario electo, que asumirá el cargo el próximo 7 de agosto, anunció el domingo que cerrará relaciones diplomáticas con Cuba y Nicaragua, además de clausurar 15 consulados y 14 embajadas en distintas naciones. La medida fue presentada como parte de una estrategia de reducción de gastos y realineamiento internacional, aunque ha generado críticas en varios sectores.
Reacción de La Habana
“De concretarse esta decisión, que no tiene la más mínima justificación y tampoco responde a los intereses nacionales colombianos, quedaría en evidencia la clara subordinación del próximo gobierno de Colombia a la política de división y confrontación entre nuestras naciones, promovida desde siempre por los Estados Unidos”, señaló un comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba. El texto subrayó que “esta acción hostil e infundada no representa el sentir del hermano pueblo colombiano”, al que Cuba ha apoyado durante décadas en la búsqueda de la paz mediante una solución política negociada a su conflicto armado interno.
Contexto histórico
La Habana fue sede de las negociaciones de paz entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC, que desembocaron en el histórico acuerdo de paz de 2016. Cuba ha mantenido tradicionalmente un papel de mediador en procesos de diálogo en América Latina, lo que hace que la ruptura anunciada por De la Espriella tenga un fuerte impacto simbólico y político.
Implicaciones regionales
La decisión del presidente electo colombiano se inscribe en un giro hacia posiciones más alineadas con la política exterior de Estados Unidos, especialmente en lo relativo a países considerados adversarios de Washington. El anuncio también se produce en un momento de tensión regional, donde las relaciones diplomáticas se han convertido en un campo de disputa ideológica entre gobiernos de izquierda y derecha.




