

Su presencia no estaba anunciada. Francisco, en silla de ruedas y sin las cánulas nasales que ha llevado en las últimas semanas, quiso acercarse al pueblo. “Buen Domingo de Ramos, buena Semana Santa”, dijo brevemente desde el altar central, antes de saludar al cardenal argentino Leonardo Sandri, a quien había delegado la celebración litúrgica.
El Papa no solo saludó desde el altar, sino que se desplazó entre los fieles, deteniéndose para conversar con un grupo de monjas que le ofrecieron mensajes de ánimo y compartiendo gestos afectuosos con varios niños, en medio de gritos de “¡Viva el Papa!”.
Esta emotiva aparición se produce luego de que Francisco saliera del hospital Gemelli de Roma el pasado 23 de marzo, tras permanecer 38 días internado por una neumonía bilateral y otras complicaciones respiratorias. Desde entonces, ha hecho algunas salidas puntuales, incluida la reciente recepción por sorpresa a los reyes Carlos y Camila del Reino Unido.
El gesto de hoy refuerza el vínculo del Papa con los fieles en una fecha clave del calendario litúrgico, y demuestra su deseo de mantenerse cercano a la comunidad católica mundial a pesar de sus quebrantos de salud.




