El papa Francisco falleció este lunes a los 88 años debido a un ictus cerebral, según confirmó el Vaticano en su parte de defunción oficial. La interrupción del flujo sanguíneo hacia una parte de su cerebro provocó un coma y, posteriormente, un fallo cardiocirculatorio irreversible, lo que causó su muerte. El deceso se produjo a las 7:35 horas locales (05:35 GMT) en su residencia, la Casa Santa Marta, donde permanecía desde que fue dado de alta del hospital Gemelli de Roma el pasado 23 de marzo, tras 38 días de internación por graves problemas respiratorios.
El ictus cerebral, también conocido como accidente cerebrovascular (ACV), es una condición médica grave que ocurre cuando el flujo sanguíneo hacia una parte del cerebro se ve interrumpido, lo que impide que el oxígeno y los nutrientes lleguen a las células cerebrales. Esto puede causar daño cerebral. Existen dos tipos principales de ictus:
Ictus isquémico: Ocurre cuando un coágulo de sangre bloquea un vaso sanguíneo en el cerebro, impidiendo que la sangre fluya adecuadamente.
Ictus hemorrágico: Sucede cuando un vaso sanguíneo en el cerebro se rompe, causando sangrado en el cerebro.
En el caso del papa Francisco, se informó que sufrió un ictus cerebral que, lamentablemente, le provocó un coma y un fallo cardiocirculatorio irreversible. Esta condición es una de las causas más serias de muerte y daño cerebral, y su tratamiento temprano puede ser fundamental para minimizar las secuelas.
El parte médico, firmado por el director de Sanidad e Higiene del Estado de la Ciudad del Vaticano, Andrea Arcangeli, confirmó que la muerte fue constatada mediante un electrocardiograma. Francisco, quien arrastraba desde hacía meses un delicado estado de salud, padecía de neumonía bilateral microbiótica, bronquitis múltiple, hipertensión y diabetes.
Tras el anuncio de su muerte, también se hizo público su testamento, fechado el 29 de junio de 2022, en el que expresaba su deseo de ser enterrado en una tumba sencilla en la basílica de Santa María la Mayor en Roma. En el documento, el pontífice escribió: “El sepulcro debe estar en la tierra; sencillo, sin decoración particular y con la única inscripción: Franciscus”.
Con su fallecimiento, el mundo católico despide al primer papa latinoamericano y jesuita, cuyo papado marcó una nueva era en la Iglesia, caracterizada por su enfoque en la humildad, la justicia social y el acercamiento a los más necesitados.
EFE




