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El primer ministro de Canadá Mark Carney, se planta ante Trump: No nos van a quebrar

Mark Carney, líder del Partido Liberal y flamante primer ministro de Canadá tras su victoria en las elecciones legislativas del lunes, ha prometido no ceder ante las crecientes presiones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Aunque su partido obtuvo 168 escaños, apenas cuatro por debajo de la mayoría absoluta, Carney enfrenta un complejo escenario político y diplomático.

En su primer discurso como primer ministro electo, Carney adoptó un tono desafiante: «Estados Unidos quiere nuestra tierra, nuestros recursos, nuestra agua, nuestro país, y no son amenazas gratuitas. El presidente Trump quiere quebrarnos para poseernos. Y eso no pasará, nunca jamás pasará», declaró ante sus seguidores.

La tensión con Washington se disparó luego de que Trump, en plena jornada electoral canadiense, volviera a sugerir en redes sociales que Canadá debería convertirse en el “estado 51” de Estados Unidos, una declaración sin precedentes en su intromisión política. Incluso instó a los canadienses a “elegir al hombre que tiene la fuerza y sabiduría”, refiriéndose a sí mismo, lo que provocó el rechazo unánime de todos los líderes políticos canadienses, incluido el conservador Pierre Poilievre, conocido por su cercanía ideológica con Trump.

A la espera de la llegada de Pete Hoekstra, nuevo embajador estadounidense en Ottawa y designado por Trump, las relaciones bilaterales atraviesan uno de sus momentos más bajos. Los nuevos aranceles impuestos por Washington han golpeado sectores clave de la economía canadiense, como el petrolero y el automotriz, altamente dependientes del mercado estadounidense.

En respuesta, Carney anunció su intención de diversificar las alianzas comerciales de Canadá más allá de Estados Unidos. “Tenemos muchas, muchas opciones”, afirmó, en referencia a la Unión Europea, con quien Canadá mantiene un tratado de libre comercio desde 2017.

Sin embargo, expertos advierten que romper la profunda interdependencia entre ambas economías no será tarea fácil. “El discurso de buscar nuevos socios ha sido una constante, pero nunca se ha traducido en un cambio real”, apuntó el politólogo Dónal Gill, quien también subraya los desafíos internos, como la falta de integración económica entre provincias canadienses.

Con la embajada estadounidense ocupando un espacio simbólicamente estratégico frente al Parlamento en Ottawa, y con una agenda bilateral marcada por tensiones geopolíticas, comerciales y ambientales, el mandato de Carney comienza con el desafío de sostener la soberanía canadiense sin aislarse de su poderoso vecino.

EFE

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