

McMahon acusó a Harvard de «burlarse del sistema de educación superior» de Estados Unidos y de violar principios fundamentales en su gestión académica. En la misiva, la secretaria señaló que la universidad ha «incumplido con sus deberes legales, sus responsabilidades de transparencia y cualquier atisbo de rigor académico», lo que ha llevado a la Administración Trump a tomar la drástica decisión de dejar de financiarla con fondos públicos.
Además, McMahon indicó que Harvard no quedará desprovista de recursos, ya que podrá recurrir a su enorme fondo de 53.000 millones de dólares y a los generosos aportes de sus exalumnos adinerados para continuar con sus operaciones. En sus declaraciones, la secretaria también hizo mención de la ideología izquierdista y el antisemitismo que, según la Administración, habrían permeado la institución, cuestiones que han sido fuente constante de críticas por parte del gobierno de Trump.
La carta de McMahon no solo se limita a las nuevas subvenciones, sino que también alude al incumplimiento por parte de Harvard de un fallo reciente de la Corte Suprema de EE.UU., que en 2023 prohibió las admisiones por motivos de raza. Según la secretaria, la universidad sigue «incurriendo en un racismo atroz» tanto en sus facultades de pregrado como de posgrado, aunque no proporcionó detalles específicos sobre las acciones que respaldan esta acusación.
La noticia llega en un contexto de creciente tensión entre la universidad y el gobierno. El mes pasado, Harvard presentó una demanda contra la Administración Trump para bloquear la cancelación de 2.000 millones de dólares en fondos federales ya otorgados. Sin embargo, la misiva de hoy marca un nuevo giro en la disputa, ya que se dirige a congelar futuras subvenciones, lo que podría tener un impacto significativo en las operaciones de la universidad.
Harvard aún no ha respondido oficialmente a la carta de McMahon, pero se espera que la institución continúe su lucha legal para defender sus derechos frente a las acciones de la Administración Trump.
Este movimiento pone en evidencia las profundas divisiones ideológicas que marcan la política educativa en los Estados Unidos, mientras la universidad enfrenta un desafío importante en su relación con el gobierno federal y sus fuentes de financiación.




