La Orden de San Agustín, fundada oficialmente en 1244, tiene sus raíces en el siglo XII, cuando un fervoroso movimiento eremítico buscaba la vida de penitencia, oración y alejamiento de los asuntos mundanos. Dos figuras clave, Juan Bono en Italia y Guillermo de Malavalle en Toscana, establecieron comunidades que sentaron las bases para lo que más tarde sería la Orden Agustiniana.
En 1243, el Papa Inocencio IV convocó a los ermitaños de la región a unirse bajo la Regla de San Agustín, dando origen formalmente a la Orden. A partir de ese momento, la vida religiosa de los agustinos combinó la contemplación y el apostolado una característica central del movimiento mendicante. En 1255, con el impulso de Alejandro IV, la Orden se expandió aún más, integrando comunidades de diferentes regiones.
Una característica única de los agustinos es que no fueron fundados directamente por San Agustín, sino que adoptaron su espiritualidad y Regla, lo que les permitió mantenerse vigentes hasta el día de hoy. Su misión ha trascendido fronteras, y desde su llegada a América del Norte en 1794, los agustinos han seguido expandiendo su presencia, estableciendo provincias en los Estados Unidos y Canadá.
Hoy en día, la Orden de San Agustín tiene presencia en más de 40 países, predicando el Evangelio y promoviendo el ideal agustiniano de la unidad y comunión entre las personas para la gloria de Dios.




