Después de una década liderando el crecimiento económico nacional, el sector construcción atraviesa su peor momento en años. Tras una fuerte recuperación post-COVID en 2021, su desempeño ha sido alarmantemente bajo, acumulando ya cuatro años de desaceleración continua. Todo indica que se enfrenta a una crisis estructural más que coyuntural.
Entre 2010 y 2019, la construcción fue uno de los sectores más dinámicos de la economía dominicana. Registró una tasa de crecimiento real anual promedio de 7.6%, superando el promedio general de 5.6%. Este impulso permitió que, en 2018, su aporte al Producto Interno Bruto (PIB) superara al de la manufactura local, consolidándose como el sector de mayor peso en la economía.
Sin embargo, esta bonanza se interrumpió abruptamente. En 2020, el impacto de la pandemia provocó una contracción del -9.7%, seguida de una fuerte recuperación del 22.8% en 2021. Pero desde entonces, el sector no ha logrado retomar su ritmo. Entre 2022 y 2024, su crecimiento promedio ha sido de apenas 1.6%, muy por debajo del 4.1% registrado por la economía en general, y solo superando al sector minero en desempeño.
Las razones de esta caída son diversas y profundas. Las altas tasas de interés, los incrementos desproporcionados en los costos de los materiales, la disminución de la inversión pública, las trabas burocráticas y el impacto de las deportaciones en una fuerza laboral altamente informal han debilitado al sector. Aunque el Banco Central ha puesto en marcha medidas como facilidades de liquidez para aliviar las condiciones de financiamiento, estas acciones no han sido suficientes para revertir la tendencia.
Los datos actuales dejan claro que el sector construcción, que alguna vez fue pilar del crecimiento económico, hoy enfrenta un escenario de estancamiento. Reactivar esta industria será clave para el empleo, la inversión y el dinamismo económico del país en los próximos años.




