Un documento societario presentado ante un tribunal en Austria ha revelado las verdaderas razones detrás del sorpresivo despido de Christian Horner como jefe del equipo Red Bull Racing, decisión que estremeció al mundo de la Fórmula 1.
Más allá de los escándalos mediáticos o los conflictos internos, la clave habría sido una reconfiguración profunda en la estructura accionaria de Red Bull GmbH, que alteró el equilibrio de poder entre sus dos familias fundadoras.
Hasta hace poco, la familia tailandesa Yoovidhya —cofundadora del emporio de bebidas energéticas— controlaba una mayoría efectiva en la empresa gracias a un 2% de acciones que pertenecían de manera personal a Chalerm Yoovidhya.
Esto les otorgaba un 51% del capital frente al 49% de la familia austríaca Mateschitz.
Ese margen era crucial, ya que permitió durante años a los Yoovidhya tener la última palabra en decisiones estratégicas, incluyendo la permanencia de Horner al frente del equipo de Fórmula 1.
Sin embargo, el 31 de mayo pasado, ese 2% fue transferido a la fiduciaria suiza Fides Trustees SA, según consta en el registro del Tribunal Regional de Salzburgo.
Con ello, por primera vez en cuatro décadas, ambas familias quedaron igualadas en participación accionaria.
Esta modificación abrió la puerta para que la parte austríaca, ahora encabezada por Mark Mateschitz —hijo del fallecido Dietrich Mateschitz—, pudiera ejercer más influencia y reconsiderar la continuidad de Horner, quien había perdido el respaldo del nuevo liderazgo.
Aunque el escándalo de los mensajes sexuales a una empleada, los roces con figuras clave como Helmut Marko y el padre de Max Verstappen, y los recientes fracasos deportivos ya lo habían debilitado, Horner seguía en el cargo gracias al apoyo explícito de los Yoovidhya.
Su presencia en el paddock junto a Chalerm y Daranee Yoovidhya durante el Gran Premio de Austria reforzaba esa imagen de protección.
Pero con la transferencia de acciones, ese respaldo dejó de tener peso decisivo.
Nueve días después de la carrera en Spielberg, Horner fue oficialmente removido de su cargo tras 20 años al frente de la escudería que llevó a la gloria con múltiples campeonatos de pilotos y constructores.
Este giro inesperado no solo marca el fin de una era para Red Bull Racing, sino que también expone cómo un cambio silencioso en los documentos societarios puede desencadenar terremotos dentro del deporte de élite.
La Fórmula 1, una vez más, se muestra como un escenario donde el poder y las finanzas son tan determinantes como la velocidad en la pista.
con información de infobae




