Este viernes, los presidentes Donald Trump y Vladimir Putin se reúnen en Alaska en una cumbre que podría definir el futuro de Ucrania y tiene en vilo a la comunidad internacional.
Trump llegó desde Washington y calificó la reunión como de “mucho en juego”, mientras Putin pisa suelo occidental por primera vez desde el inicio de la invasión a Ucrania en febrero de 2022, conflicto que ha causado decenas de miles de muertes y donde Rusia controla aproximadamente una quinta parte del territorio ucraniano.
El presidente estadounidense advirtió que el encuentro podría ser breve si Putin no muestra disposición al diálogo. Por su parte, el canciller ruso Serguéi Lavrov evitó pronósticos y afirmó que la postura rusa es clara y firme.
La elección de Alaska no es casual: permite a Putin cruzar el estrecho de Bering y tiene un valor simbólico histórico, al haber sido un territorio ruso hasta el siglo XIX. La cumbre incluye conversaciones privadas con intérpretes y un almuerzo de trabajo con asesores, sin que los mandatarios salgan de la base aérea.
Mientras líderes europeos y el presidente Joe Biden defienden que cualquier negociación sobre Ucrania debe incluir a Kiev, Trump planea consultar con Zelenski y buscar un acuerdo tripartito para repartir territorio. Zelenski, por su parte, considera la cumbre una “victoria personal” para Putin, quien logra salir parcialmente de su aislamiento internacional.
Analistas advierten que la cumbre podría ser una oportunidad para presionar a Rusia con sanciones o armas, pero también un escenario donde Putin intente distraer con propuestas simbólicas. El mundo sigue atento a cada palabra y gesto de este encuentro histórico.




