Roma, Italia.– La vida de Giorgia Meloni ha estado marcada por la adversidad y la polémica. Nacida en 1977 en la capital italiana, creció en el barrio obrero de Garbatella junto a su madre y hermana, después de que su padre la abandonara cuando apenas tenía un año.
Desde muy joven mostró un fuerte interés por la política. A los 14 años ya leía a Julius Evola y un año después ingresó al Frente de la Juventud, vinculado al partido posfascista Movimiento Social Italiano (MSI).
Su adolescencia estuvo marcada por manifestaciones, reparto de panfletos y discursos inspirados en Benito Mussolini, en un entorno dominado por hombres con nostalgia del fascismo.
Lejos de provenir de una familia privilegiada, Meloni destacó por su capacidad de liderazgo. A los 29 años fue electa diputada y, apenas dos años después, se convirtió en ministra de Juventud en el gobierno de Silvio Berlusconi, siendo la más joven en ocupar esa posición en la historia de Italia. Allí empezó a forjar una imagen de política católica, ultraconservadora y nacionalista, pero con un estilo renovado y más efectivo.
En 2012 fundó su propio partido, Fratelli d’Italia. Durante mucho tiempo su figura permaneció en la periferia política, recorriendo pueblos y plazas casi vacías mientras difundía un discurso de identidad, orgullo y miedo. Sin embargo, su perseverancia le permitió ganar espacio.
El año 2018 marcó un punto de inflexión. La crisis migratoria, el creciente descontento con Bruselas y la caída de Matteo Salvini impulsaron su ascenso al centro de la escena política. Con el lema “Dios, patria y familia”, Meloni logró conectar con sectores amplios de la sociedad, combinando un mensaje tradicional con herramientas modernas como TikTok, estética pop y un tono desafiante.
Hoy, Giorgia Meloni se ha consolidado como la mujer más poderosa de Italia, símbolo de una nueva etapa en la política europea que despierta admiración y rechazo a partes iguales.




