A 200 kilómetros al suroeste de Santo Domingo, en el paraje Los Chupaderos de Barahona, opera la única mina de larimar del mundo. Más de 700 mineros trabajan en condiciones complejas para extraer esta piedra semipreciosa de tono azul, exclusiva de la República Dominicana. Aunque el larimar es símbolo de identidad nacional y atractivo turístico, su extracción ha estado marcada por riesgos laborales, infraestructura precaria y una seguridad en proceso de mejora.
Seguridad en transición
Desde 2020, el Ministerio de Energía y Minas ha impulsado cambios estructurales en la mina, tras registrar 30 muertes desde su apertura en 1974. Se han capacitado brigadistas para medir gases tóxicos, se prohibió la presencia de menores en la zona, se instalaron garitas de control y se habilitaron servicios sanitarios y una unidad médica. Sin embargo, los túneles siguen reforzados en su mayoría con madera, y el transporte de escombros se realiza manualmente, sin tren minero.
Impacto económico
La minería representa una fuente clave de ingresos para el país. En el primer semestre de 2025, el sector exportó más de 1,000 millones de dólares, equivalentes al 32 % de las exportaciones nacionales. Aunque en 2024 solo aportó el 1.4 % del PIB, su valor simbólico y comercial sigue creciendo.
Formación y legado artesanal
A pocos kilómetros de la mina, la Escuela Taller y Museo del Larimar en Bahoruco ha formado a más de 1,500 estudiantes desde 2014. Jóvenes de la zona aprenden a pulir y transformar la piedra en piezas artesanales, muchos con miras a emprender sus propios talleres. Actualmente, existen unos 70 talleres activos en el distrito, fundados por egresados de la escuela.
En Santo Domingo, el Museo del Larimar complementa esta cadena de valor, mostrando el origen geológico y cultural de la piedra, muy apreciada por turistas y coleccionistas.




