La Organización de Naciones Unidas (ONU) cumple este año 80 años de su fundación en un contexto complicado, marcado por la debilitada influencia del multilateralismo que dio origen a la institución.
La sede de la ONU, a orillas del East River en Manhattan, celebra el aniversario mientras su papel como garante de la paz mundial se ve cuestionado, especialmente por la política internacional de Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump.
Desde su llegada al poder, Trump ha priorizado la llamada “pax americana” por encima del marco multilateral, interviniendo directamente en conflictos como los de India y Pakistán, la República Democrática del Congo y Ruanda, Armenia y Azerbaiyán, Camboya y Tailandia, o Egipto y Etiopía, dejando a la ONU al margen. En los conflictos de Ucrania y Gaza, el mandatario estadounidense incluso designó mediadores personales, como Steve Witkoff, sin lograr treguas efectivas y manteniendo a la ONU prácticamente ausente.
Asimismo, Trump puso fin prematuramente a la misión de cascos azules FINUL en el sur del Líbano, decisión que provocó críticas de China y otros miembros del Consejo de Seguridad, al considerar que se ignoraron las necesidades del terreno y la mayoría de las voces internacionales.
En materia de desarrollo sostenible, la postura de Estados Unidos también ha generado fricciones. Trump se ha desmarcado de foros y acuerdos sobre género, cambio climático, derechos reproductivos y protección de minorías, incluso ausentándose de la conferencia internacional de ayuda al desarrollo en Sevilla, lo que refleja un distanciamiento del consenso global.
El vacío dejado por EE.UU. plantea la pregunta sobre si China podría asumir un papel protagónico en la ONU. Sin embargo, expertos como Richard Gowan del Crisis Group señalan que, aunque China busca ampliar su influencia en áreas específicas como la ayuda al desarrollo, no parece interesada en asumir la carga política y financiera que EE.UU. históricamente ha aportado a la organización.
El 80 aniversario de la ONU, por tanto, no se celebra con grandes festejos, sino como un recordatorio de los desafíos que enfrenta el multilateralismo en un mundo cada vez más polarizado.




