El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó el pasado 30 de septiembre la creación de la Fuerza de Eliminación de Pandillas (GSF) en Haití, con un mandato inicial de 12 meses y un máximo de 5,500 efectivos policiales o militares. Sin embargo, expertos y activistas advierten que para que esta fuerza sea efectiva, debe estar liderada por una potencia militar reconocida.
Gédéon Jean, director ejecutivo del Centro de Análisis e Investigación en Derechos Humanos (CARDH) en Haití, afirmó en entrevista con EFE que la GSF necesita un liderazgo fuerte y con poderío militar para cumplir con su misión. Según Jean, la participación de países pequeños del Caribe no garantiza resultados satisfactorios.
Esta nueva fuerza sucede a la Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad en Haití (MSS), creada en 2023 y liderada por Kenia, que finalizó su mandato el 2 de octubre tras no alcanzar el número previsto de efectivos y sin cumplir sus objetivos. La MSS enfrentó problemas por falta de financiación, personal y equipamiento adecuados, factores que según Jean deben corregirse para evitar repetir los mismos errores.
El activista haitiano también destacó la necesidad de que el gobierno local asuma un rol central en la solución del problema de inseguridad y que la comunidad internacional se comprometa mucho más con Haití, en particular Estados Unidos, que impulsó la creación de la GSF junto a Panamá.
Aunque la ONU otorgó a la GSF la facultad de actuar de forma independiente, Jean advierte que sin un compromiso real de los países líderes, la nueva fuerza podría enfrentar dificultades similares a las de la MSS.




