El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha convertido su actual administración en una plataforma de renovación arquitectónica de la Casa Blanca, con proyectos que van desde la transformación del Jardín de las Rosas hasta la planificación de un salón de baile para 900 personas y un nuevo monumento: el “Arc de Trump”.
Desde su regreso al poder en enero, Trump ha promovido una serie de remodelaciones que incluyen baños presidenciales, espacios comunes y jardines, con una estética marcada por el lujo y el estilo de su club privado Mar-a-Lago. En eventos públicos, destacan objetos chapados en oro en picaportes, lámparas y repisas.
Durante una cena con donantes, Trump anunció que magnates vinculados a sus campañas financiarán el nuevo salón de baile con una inversión de 200 millones de dólares. También presentó modelos a escala del arco monumental que planea ubicar al final del puente Memorial, inspirado en el Arco del Triunfo de París.
El nuevo Jardín de las Rosas, inaugurado en agosto, fue rediseñado con piedra en lugar de césped y ha sido utilizado para cenas diplomáticas y ceremonias como la entrega póstuma de la Medalla Presidencial de la Libertad al activista Charlie Kirk.
Las modificaciones han generado cuestionamientos sobre su legalidad y el uso de fondos privados. El Instituto Americano de Arquitectos expresó su preocupación por el impacto en el diseño neoclásico de la Casa Blanca y pidió controles rigurosos a la Comisión Nacional de Planificación de la Capital.
Trump y su equipo se amparan en una ley de 1964 que permite cambios estéticos y estructurales en la residencia presidencial.




