La relación entre los presidentes Vladímir Putin y Donald Trump muestra sus primeras fisuras luego de que Estados Unidos aprobara sanciones contra las principales petroleras rusas, Lukoil y Rosneft. El Kremlin, sin ceder, mantiene su postura firme y no muestra intención de detener la guerra en Ucrania.
El Banco Central de Rusia redujo sus previsiones de crecimiento para 2025 al 0,5 %-1 %, anticipando una posible contracción económica en el último trimestre del año.
Las sanciones, que entrarán en vigor el 21 de noviembre, llevaron a la cancelación de la cumbre prevista en Budapest, ya que Putin no estaba dispuesto a negociar un alto el fuego. Mientras tanto, Rusia continúa su ofensiva en el Donbás, con combates en localidades clave como Pokrovsk y Kupiansk, y busca consolidar el control de la región de Donetsk.
La industria petrolera rusa ya siente el impacto. Lukoil canceló reuniones de su consejo de dirección, y principales compradores internacionales como China e India reconsideran sus importaciones por temor a sanciones secundarias. Lukoil y Rosneft representan alrededor del 50 % de las exportaciones diarias de petróleo ruso.
El Kremlin respondió calificando las sanciones como un “acto inamistoso” y reafirmando que no tomará decisiones bajo presión. Dmitri Peskov, portavoz del Kremlin, afirmó que la situación se evaluará en los próximos meses, mientras Trump observa los efectos de las medidas implementadas.




