El secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió este jueves en la apertura de la COP30 que la inacción global frente al cambio climático constituye una “negligencia mortal” y un “fracaso moral” que pone en riesgo la estabilidad del planeta y el futuro de las próximas generaciones.
Durante su discurso inaugural en la cumbre de líderes celebrada en Belém, Brasil, Guterres alertó que los esfuerzos actuales siguen siendo insuficientes para impedir que la temperatura global supere el límite crítico de 1,5 °C, establecido por el Acuerdo de París.
“Cada fracción de grado adicional significa más hambre, más desplazamientos, más sufrimiento económico y más vidas perdidas”, afirmó el jefe de Naciones Unidas. “Eso no es solidaridad, es una negligencia mortal”.
El secretario general reconoció los avances en los nuevos planes nacionales de reducción de emisiones, pero subrayó que “aún están muy por debajo de lo necesario”. Señaló además que la crisis climática “se está acelerando”, con ejemplos como los incendios forestales sin precedentes en Europa y Norteamérica, las inundaciones mortales en Pakistán y Sudáfrica, y las supertormentas en el Caribe.
Guterres advirtió que las emisiones contaminantes alcanzaron un nuevo récord en 2024, con un aumento del 2,3 %, y llamó a una inversión “drástica” en medidas de adaptación para proteger a las poblaciones y economías más vulnerables.
El líder de la ONU también criticó duramente a los gobiernos que continúan subsidiando los combustibles fósiles, asegurando que “demasiados líderes siguen siendo rehenes de los intereses del petróleo y el gas”. “Cada dólar destinado a subvencionar los combustibles fósiles es un dólar desviado de nuestra salud y de nuestro futuro común”, afirmó.
La COP30 reúne a cerca de 60 jefes de Estado y de Gobierno, entre ellos Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil), Emmanuel Macron (Francia), Gabriel Boric (Chile) y Pedro Sánchez (España). Entre las ausencias más destacadas se encuentran las de Xi Jinping y Donald Trump, líderes de China y Estados Unidos, los dos mayores emisores de gases contaminantes del mundo.
Guterres concluyó su intervención reiterando que el límite de 1,5 °C “no es una meta simbólica, sino una línea roja para la humanidad”, e instó a los países a actuar con urgencia y “coraje político” para avanzar hacia una transición energética justa y sostenible.




