El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibió este jueves a los mandatarios de la República Democrática del Congo y Ruanda, Felix Tshisekedi y Paul Kagame, en Washington para la firma de los llamados Acuerdos de Washington para la Paz y la Prosperidad, un convenio destinado a mitigar el conflicto armado en el este del Congo y generar oportunidades económicas en la región.
El pacto, considerado por la Casa Blanca como “histórico”, se concreta tras meses de negociaciones coordinadas por Estados Unidos, la Unión Africana y Qatar, y complementa un acuerdo previo firmado en junio entre el gobierno congoleño y el grupo insurgente M23, que controla ciudades clave como Goma y Bukavu.
La violencia en el este congoleño, donde operan más de 100 facciones armadas, se intensificó este año con avances significativos del M23, respaldado por Ruanda, provocando una de las crisis humanitarias más graves del mundo, con millones de desplazados. A pesar de la firma del convenio, los combates persisten en varias localidades, y expertos advierten que la paz podría tardar en consolidarse.
El acuerdo incluye un Marco de Integración Económica Regional, que establecerá alianzas comerciales entre los tres países, incluyendo acceso a minerales estratégicos como las tierras raras, esenciales para la producción de tecnología avanzada. Estados Unidos busca reducir su dependencia de China, que domina la extracción y procesamiento de estos recursos a nivel global.
Trump se reunió por separado con Tshisekedi y Kagame antes de la firma en el Instituto de la Paz de Estados Unidos, en un acto con la presencia de líderes africanos y representantes de la Cámara de Comercio estadounidense, interesados en potenciales inversiones en minería, energía y turismo.
No obstante, la situación sobre el terreno sigue siendo complicada. Habitantes de Goma y Bukavu reportan enfrentamientos constantes y dificultades para acceder a servicios básicos. “Seguimos en guerra. No puede haber paz mientras las líneas del frente continúen activas”, afirmó Amani Chibalonza Edith, residente de Goma.
El conflicto tiene raíces históricas profundas, vinculadas al genocidio de Ruanda en 1994 y a los desplazamientos masivos hacia el Congo. El gobierno congoleño sostiene que Ruanda debe retirar su apoyo al M23 para lograr una paz duradera, mientras que Kigali condiciona cualquier alto al fuego a la desmovilización de milicias locales compuestas por hutus, que considera una amenaza para su población.
Pese a la complejidad del conflicto, funcionarios de ambos países y de Estados Unidos consideran la firma del acuerdo como un paso relevante hacia la estabilidad regional.




