El fallecimiento de la icónica actriz francesa Brigitte Bardot, ocurrido el domingo a los 91 años en su residencia del sur de Francia, ha reavivado la polémica en torno a su figura. Mientras algunos políticos elogian su trayectoria, otros recuerdan sus polémicas declaraciones de extrema derecha, generando un intenso debate sobre la conveniencia de rendirle un homenaje nacional.
Bardot, estrella mundial del cine desde 1956 tras su éxito en Y Dios creó a la mujer, participó en cerca de 50 películas antes de retirarse en 1973 para dedicarse a la defensa de los derechos de los animales. Sin embargo, sus posturas políticas y comentarios considerados de odio, especialmente hacia musulmanes y habitantes de la isla Reunión, marcaron los últimos años de su vida.
El presidente francés, Emmanuel Macron, la describió como una “leyenda” del cine del siglo XX que representó una “vida de libertad”, mientras que figuras de la extrema derecha, incluida Marine Le Pen, la calificaron de “increíblemente francesa: libre e íntegra”. Algunos políticos conservadores, como Éric Ciotti, sugirieron un funeral nacional similar al que tuvo el cantante Johnny Hallyday en 2017.
En contraste, representantes de la izquierda y el ecologismo se mostraron más cautelosos. Philippe Brun, del Partido Socialista, reconoció su importancia en el cine y su simbolismo de rebeldía, pero recordó sus polémicas opiniones. La diputada ecologista Sandrine Rousseau criticó la atención mediática sobre Bardot frente a otras crisis sociales, como la de los migrantes.
Bardot, quien se casó cuatro veces y tuvo un hijo, expresó su deseo de ser enterrada junto a sus animales en su jardín de Saint-Tropez, con una sencilla cruz de madera y evitando multitudes. A lo largo de su vida, destacó por combinar fama y activismo, asegurando que su notoriedad le permitió proteger a los animales, “la única causa que realmente me importa”.




