El 3 de enero se ha convertido en una fecha significativa en la historia de América Latina, no solo por su coincidencia temporal, sino por los hechos que marcaron el final de dos regímenes autoritarios enfrentados a Estados Unidos.
1990: La caída de Manuel Noriega
El 3 de enero de 1990, tras una intensa presión militar, el general panameño Manuel Antonio Noriega se entregó a las tropas estadounidenses después de once días de asedio en la Nunciatura Apostólica en Panamá. Este acontecimiento puso fin a su controvertido régimen y dio inicio a un proceso judicial que lo llevaría a enfrentar cargos de narcotráfico y corrupción en los tribunales de Estados Unidos. La operación militar, conocida como «Operación Just Cause», fue lanzada por el presidente George H. W. Bush con el objetivo de derrocar a Noriega, proteger a los ciudadanos estadounidenses en Panamá y restaurar la democracia en el país.
Durante la invasión, Noriega se refugió en la Nunciatura Apostólica, un espacio protegido por la diplomacia del Vaticano, pero las fuerzas estadounidenses rodearon el edificio y utilizaron tácticas de guerra psicológica, como la emisión de música a alto volumen para presionar su rendición. Finalmente, Noriega se entregó el 3 de enero, siendo trasladado a Florida, donde enfrentó cargos de narcotráfico, lavado de dinero y otros delitos. Fue condenado a 40 años de prisión, aunque su sentencia fue reducida posteriormente.
2026: La captura de Nicolás Maduro
Treinta y seis años después, el 3 de enero de 2026, el nombre de otro líder latinoamericano, el presidente venezolano Nicolás Maduro, aparece nuevamente en los titulares internacionales. En una acción militar de gran escala, las fuerzas estadounidenses, bajo la presidencia de Donald Trump, realizaron ataques aéreos y terrestres en Venezuela que llevaron a la captura de Maduro y su esposa, Cilia Flores. Los dos fueron detenidos por cargos de narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína y posesión de armas destructivas.
La coincidencia de fechas no parece ser una mera casualidad. La captura de Maduro resucita el precedente de Noriega, un ejemplo que Estados Unidos ha seguido como modelo para abordar los regímenes considerados amenazas para la seguridad internacional. La relación de ambos líderes con el narcotráfico y su confrontación con Washington marcan el patrón común entre estos dos episodios históricos.
Un contexto de creciente tensión
La operación contra Maduro se produce en un contexto de creciente presión internacional y acumulación de fuerzas militares en el Caribe, donde Estados Unidos había intensificado sus ataques aéreos y marítimos contra presuntos narcotraficantes. La captura de Maduro, sin embargo, ha desatado una crisis interna en Venezuela. La incertidumbre sobre el futuro político del país crece, ya que, si bien algunos celebran la caída del mandatario, otros temen que su remoción pueda llevar al país a una mayor desestabilización.
El gobierno de Venezuela ha condenado los ataques militares, calificándolos como una grave violación del derecho internacional, mientras que en las calles de Caracas, la gente se muestra en silencio, preocupada por las posibles repercusiones de la caída de Maduro.
¿Qué depara el futuro?
La captura de Maduro abre una serie de incógnitas sobre el futuro político de Venezuela y su transición. Las figuras más cercanas al chavismo, como Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López, se perfilan como posibles sucesores, mientras que la oposición, liderada por figuras como María Corina Machado, espera que esta oportunidad se traduzca en un cambio verdadero y no solo en un relevo de poder dentro del mismo sistema.
La sombra de Noriega: lecciones del pasado
Este episodio no solo revive la historia de la intervención estadounidense en América Latina, sino que también plantea una reflexión sobre la legitimidad de las intervenciones extranjeras en gobiernos soberanos. La captura de Noriega en 1990 y la de Maduro en 2026 tienen paralelismos claros, aunque la naturaleza de la intervención y las circunstancias políticas varían. El pasado de Noriega, su relación con el narcotráfico y su caída ante la presión militar estadounidense parecen haber servido como modelo para lo que muchos en Washington consideran una respuesta necesaria frente a regímenes considerados ilegítimos.
En el ámbito internacional, las reacciones a la captura de Maduro han sido polarizadas. Algunos gobiernos han condenado la acción militar, mientras que otros han celebrado lo que consideran el fin de un régimen corrupto. La pregunta que queda en el aire es si la caída de Maduro marcará el inicio de una nueva era en Venezuela, o si, por el contrario, sumirá al país en una nueva etapa de inestabilidad política.
El 3 de enero sigue siendo una fecha crucial en la historia de América Latina, con la caída de dos líderes que, aunque de contextos diferentes, comparten una serie de similitudes en su enfrentamiento con Estados Unidos. Lo ocurrido en 1990 con Noriega y en 2026 con Maduro no solo revela las dinámicas de poder entre estos líderes y el gobierno estadounidense, sino también las profundas implicaciones de estos eventos en la región y el futuro de los países involucrados. Sin duda, el 3 de enero seguirá siendo un día que unirá los destinos de los líderes latinoamericanos con la historia reciente de Estados Unidos.




