El 3 de enero de 2026, una operación militar de gran envergadura de Estados Unidos llevó a la captura de Cilia Flores, la esposa de Nicolás Maduro, en lo que parece ser un nuevo ataque al régimen venezolano. La operación también resultó en la detención de Maduro, quien, al igual que su esposa, enfrenta severas acusaciones internacionales relacionadas con el narcotráfico y la corrupción.
Cilia Flores, de 69 años, es una de las figuras más influyentes dentro del chavismo y una pieza clave en la estructura del poder de Venezuela. Nacida en 1956 en el estado de Cojedes, Flores se ha mantenido cerca de Maduro desde los primeros días del movimiento bolivariano. Juntos se unieron al Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200) a principios de los 90, y su relación con Hugo Chávez, el fallecido líder venezolano, fue determinante para consolidar su poder.
Flores fue una de las principales defensoras de Chávez en 1992, cuando el entonces teniente coronel intentó un golpe de Estado contra el presidente Carlos Andrés Pérez. Fue parte del equipo de abogados que lo defendió, y, tras su liberación en 1994, se consolidó como una pieza clave del chavismo.
A lo largo de su carrera, Cilia ha ocupado diversos cargos políticos importantes, entre ellos, el de procuradora general de la República en 2012, y presidenta de la Asamblea Nacional entre 2006 y 2011, siendo la primera mujer en ejercer ese cargo en la historia del país. Su implicación con el gobierno de Maduro se profundizó tras la muerte de Chávez, cuando asumió el título de “primera combatiente de la patria” y se convirtió en la figura más visible en apoyo al gobierno.
A pesar de su prominencia, Flores no ha estado exenta de controversias. En 2015, sus sobrinos fueron detenidos en Haití por intentar introducir 800 kilos de cocaína a Estados Unidos, lo que generó fuertes acusaciones en su contra. Los sobrinos de Cilia fueron condenados en 2017 a 18 años de prisión en Nueva York. Desde entonces, Estados Unidos ha acusado a Flores de estar vinculada al narcotráfico y ha impuesto sanciones económicas en su contra.
Con su captura junto a Nicolás Maduro, Estados Unidos refuerza las sanciones y presiones sobre el régimen venezolano, intensificando un conflicto político y económico que ya lleva años en marcha. La detención de Flores es un nuevo golpe para el gobierno de Maduro, que ya se encuentra aislado en el escenario internacional, enfrentando acusaciones de corrupción, violaciones de derechos humanos y narcotráfico.
La operación estadounidense se produce en un contexto de creciente tensión entre Venezuela y EE.UU., con la situación política y militar en el Caribe en constante cambio. La respuesta de las autoridades venezolanas no se ha hecho esperar, y el impacto de esta detención en la política interna del país podría ser significativo.




