En su temporada número 23 en la NBA, LeBron James ha comenzado a ceder protagonismo ofensivo a nuevos líderes del equipo, sin perder un ápice de su influencia en la cancha. A sus 41 años, el veterano estrella de los Lakers mantiene un peso histórico dentro del sistema angelino, aunque con un rol más estratégico que físico.
La llegada de Luka Doncic y la consolidación de Austin Reaves han permitido a James asumir un papel más de facilitador, dejando que los tiros y la carga defensiva recaigan en compañeros con menos millas recorridas. Sin embargo, sigue siendo un pilar indispensable, aportando experiencia, lectura de juego y liderazgo.
Un cambio en el rol
El Rey de Akron ya no es la primera opción en cada ataque. Su promedio de 21.2 puntos por partido es el segundo más bajo de su carrera, apenas por encima de los 20.9 que registró como novato en 2003-04. Sus minutos en cancha también han disminuido: de un promedio vitalicio de 37.8 a 33.4 por partido, con cuatro intentos menos al aro, pero su eficacia se mantiene intacta, con un 51.1 % en tiros de campo, prácticamente igual que en toda su trayectoria.
Aun así, su impacto sigue siendo palpable. LeBron se mantiene entre los 25-30 jugadores mejor valorados de la liga, y su veteranía se refleja en la cohesión del equipo y en un sistema menos dependiente de él.
Defensa selectiva y mente estratégica
En el costado defensivo, James ya no despliega la intensidad de antaño y “elige sus batallas”, preservando energía para la ofensiva y dejando al equipo más vulnerable en transiciones rápidas. Sin embargo, su rol como cerebro del equipo es más visible que nunca. Tras perderse los primeros 14 partidos de la temporada regular, ha sido clave en momentos de presión, aportando estabilidad y ayudando a integrar a las nuevas estrellas del plantel.
A sus 41 años, LeBron sigue desempeñando un rol de élite, algo que pocos han logrado a esa edad. Leyendas como Kareem Abdul-Jabbar, Karl Malone, John Stockton, Vince Carter y Robert Parish ya no eran protagonistas, sino especialistas o suplentes. En cambio, James continúa siendo un co-protagonista de alto nivel, un verdadero “mariscal de campo” cuyo liderazgo define la estructura y la química de los Lakers.
Todavía imparable a su manera
Aunque ya no es la superestrella incansable de sus mejores años, LeBron sigue organizando la ofensiva, atrayendo dobles marcas y controlando el ritmo del juego. Su regreso tras un fallo es más pausado y los armadores rápidos le representan un desafío, pero compensa con comunicación, anticipación y lectura táctica. El máximo anotador histórico de la NBA demuestra que, incluso al final de su contrato, su influencia sigue siendo monumental: no necesita cargar con todo para seguir siendo indispensable.




