A lo largo de más de dos siglos, Estados Unidos ha ido configurando su mapa actual mediante una combinación de compras, cesiones y anexiones territoriales. Esa estrategia de expansión, basada en acuerdos económicos y diplomáticos, vuelve hoy al centro del debate con el renovado interés del país por adquirir Groenlandia.
El presidente estadounidense, Donald Trump, estaría dispuesto a comprar la isla ártica, según confirmó el secretario de Estado, Marco Rubio, ante un grupo de legisladores. De acuerdo con Rubio, asesores de la Casa Blanca ya trabajan en un plan actualizado para explorar vías que permitan hacerse con este territorio autónomo perteneciente a Dinamarca.
Un historial de adquisiciones clave
La política de crecimiento territorial de Estados Unidos comenzó a consolidarse en el siglo XIX. Uno de los hitos más importantes fue la compra de Luisiana en 1803, cuando el país adquirió a Francia un extenso territorio por 15 millones de dólares. El acuerdo, impulsado por el entonces presidente Thomas Jefferson, permitió duplicar el tamaño del país y sentó las bases de su expansión hacia el oeste.
Pocos años después, en 1819, España cedió Florida oriental a Estados Unidos mediante el Tratado de Adams-Onís. Aunque no se trató de una compra directa, Washington asumió el pago de reclamaciones por valor de cinco millones de dólares a ciudadanos estadounidenses.
Entre 1845 y 1848, Texas se incorporó a la Unión tras haberse independizado de México. Al finalizar la guerra entre ambos países, el Tratado de Guadalupe Hidalgo selló la llamada Cesión Mexicana, por la que Estados Unidos obtuvo territorios que hoy conforman estados como California, Arizona o Utah, a cambio de 15 millones de dólares y la cancelación de deudas.
Otro episodio destacado fue la compra de Alaska en 1867. Rusia vendió este vasto territorio por 7,2 millones de dólares, una operación que en su momento fue duramente criticada, pero que con el tiempo se reveló como estratégica por su riqueza natural y su valor geopolítico.
En 1917, Dinamarca vendió a Estados Unidos las entonces Indias Occidentales Danesas, hoy Islas Vírgenes estadounidenses, por 25 millones de dólares en oro, reforzando así la presencia norteamericana en el Caribe.
Además, tras la guerra con España en 1898, Washington obtuvo Puerto Rico y Guam, y ese mismo año se anexionó Hawái, completando un proceso de expansión que no siempre se basó en compras formales, pero sí en la consolidación de su influencia global.
Groenlandia, el nuevo objetivo
El interés estadounidense por Groenlandia no es nuevo. Desde mediados del siglo XIX, Washington ha considerado la posibilidad de adquirir la isla. En 1946, el presidente Harry Truman llegó a ofrecer 100 millones de dólares a Dinamarca, sin éxito.
Durante su primer mandato, Trump reavivó esta aspiración, lo que provocó una negativa tajante de la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, quien afirmó que “Groenlandia no está en venta”. La tensión derivó incluso en la cancelación de una visita oficial del mandatario estadounidense en 2019.
Ahora, en su segundo mandato, Trump ha vuelto a insistir. En diciembre de 2024 aseguró que el control de Groenlandia es una “necesidad absoluta” para la seguridad nacional de Estados Unidos. La confirmación de Marco Rubio refuerza la idea de que la Casa Blanca contempla seriamente retomar una estrategia que recuerda a las grandes operaciones territoriales que marcaron la historia del país.
Así, la posible compra de Groenlandia se inscribe en una larga tradición estadounidense de expansión mediante acuerdos económicos, una práctica que, dos siglos después, sigue generando debate y tensiones diplomáticas.




