El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha decidido no asistir al Foro de Davos en Suiza y permanecer en Kiev para supervisar directamente la crisis energética provocada por los recientes ataques rusos, que han dejado a gran parte de la población sin calefacción ni electricidad en la capital y otras ciudades del país.
Zelenski había declarado que solo viajaría a Davos si se le garantizaban resultados concretos para Ucrania, pero la atención de los líderes europeos y del presidente estadounidense, Donald Trump, se ha desviado hacia su polémica propuesta de adquirir Groenlandia, retrasando así un posible paquete económico de apoyo a la Ucrania de posguerra, según informó el Financial Times.
En un mensaje en redes sociales, el mandatario informó que había mantenido una llamada de coordinación especial sobre energía, detallando las medidas encomendadas al Gobierno y a las autoridades locales. Actualmente, cerca del 60 % de Kiev carece de electricidad y unos 4.000 edificios residenciales no tienen calefacción, mientras las temperaturas permanecen varios grados bajo cero.
Otras regiones como Járkov, Sumi, Cherníguiv y Dnipropetrovsk también sufren graves problemas de suministro debido a los ataques. Además, el ministro de Exteriores, Andrí Sibiga, ha mantenido conversaciones con homólogos de países aliados para movilizar apoyo internacional al sector energético.
En su discurso a la nación, Zelenski enfatizó la necesidad de priorizar la gestión de la crisis energética y ordenó a los funcionarios responsables que permanecieran en Ucrania.
Mientras tanto, representantes de Kiev y del Kremlin han sostenido encuentros en Davos con mediadores designados por Trump para avanzar en la búsqueda de una solución al conflicto, aunque la atención del foro se ha visto parcialmente desviada por la polémica sobre Groenlandia.
El jefe de gabinete de Zelenski, Kirilo Budánov, y otros líderes ucranianos se reunieron con asesores de seguridad de Francia, Alemania y Reino Unido para alinear posiciones sobre garantías de seguridad y esfuerzos diplomáticos, describiendo la situación como un “optimismo prudente” respecto a los avances hacia la paz.




