El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, presentará este viernes el nombre de su nominado para ocupar la presidencia de la Reserva Federal (Fed), en sustitución de Jerome Powell, cuyo mandato al frente del banco central expira en mayo próximo. Esto lo informó el mandatario durante un evento en Washington D.C., tras haber adelantado que había escogido a una “persona muy válida” para dirigir la institución.
La figura del presidente de la Fed es clave en la política económica de Estados Unidos, ya que lidera el banco central encargado de fijar las tasas de interés, controlar la inflación y orientar la política monetaria. El anuncio ocurre en un momento de tensiones entre la Casa Blanca y la Fed: Trump ha criticado públicamente a Powell por no reducir las tasas de interés con la rapidez que él desea, y ha puesto en cuestión decisiones pasadas del banco central, aunque el organismo mantiene formalmente su autonomía institucional.
El proceso de selección ha avanzado en las últimas semanas, con Trump reduciendo la lista de candidatos a “tres o cuatro” finalistas e indicando que hará el anuncio antes de lo inicialmente previsto. Entre los nombres que han surgido como posibles sucesores están Kevin Warsh, exgobernador de la Fed con amplia experiencia en política monetaria; Rick Rieder, ejecutivo de inversiones en BlackRock; y Christopher Waller, actualmente gobernador de la junta de la Reserva Federal.
Este anuncio se produce justo después de que la Fed decidiera mantener sin cambios los tipos de interés, en el rango del 3,50 % al 3,75 %, tras una reunión de política monetaria en la que también se abordaron las presiones económicas y la expectativa de futuras decisiones de tasas. La decisión de posponer recortes ha sido uno de los puntos de fricción entre Trump y la Fed.
La nominación del nuevo presidente de la Reserva Federal no solo debe reflejar las prioridades económicas de la Administración, sino que también requerirá la confirmación del Senado, un paso que podría enfrentar debate político dada la importancia de la independencia del banco central en la gestión de la economía estadounidense.




