Este domingo se cumplen cinco años del golpe de Estado en Birmania (Myanmar), un evento que derrocó al gobierno democráticamente elegido de Aung San Suu Kyi y sumió al país en una crisis política y humanitaria sin precedentes. La líder de la Liga Nacional para la Democracia (LND), ganadora del Premio Nobel de la Paz en 1991, sigue encarcelada bajo el régimen militar que tomó el poder el 1 de febrero de 2021.
Kim Aris, hijo menor de Suu Kyi, ha aprovechado esta fecha para exigir la liberación de su madre, de 80 años, quien ha pasado más de la mitad de su vida bajo arresto. En un mensaje conmovedor publicado en las redes sociales, Aris criticó la brutalidad de las fuerzas armadas birmanas, que durante estos cinco años han matado a miles de civiles, destruido comunidades y causado un sufrimiento indescriptible. «Cinco años son demasiados. Libérenla, liberen a todos», escribió en referencia a las más de 22.000 personas arrestadas desde el golpe, según la Asociación de Apoyo a los Presos Políticos de Birmania (AAPP).
Aris también denunció al comandante en jefe de la junta militar, Min Aung Hlaing, de ser el responsable de convertir a Birmania en un «foco de violencia», acusándolo de atacar a la población civil y de liderar una campaña de limpieza étnica contra la minoría rohingyá. El régimen, además, se ha visto vinculado a redes criminales transnacionales, que operan en el Sudeste Asiático.
Por el momento, el paradero de Aung San Suu Kyi sigue siendo un misterio. La última vez que fue vista en público fue el 30 de diciembre de 2022, y desde entonces se le ha negado el acceso a su familia, abogados y médicos. Aunque en 2025 la junta negó que la Nobel tuviera problemas graves de salud, su estado sigue siendo incierto. En este contexto, los temores por su bienestar crecen cada día.
A pesar de su encarcelamiento, Aung San Suu Kyi sigue siendo un símbolo de la lucha por la democracia en Birmania. Durante su mandato de 2016 a 2021, la líder birmana fue criticada internacionalmente por no intervenir frente a la persecución de los rohingyás, una minoría musulmana que ha sido sistemáticamente perseguida por el gobierno birmano.
El hijo de Suu Kyi también rechazó las recientes elecciones celebradas en Birmania, tildándolas de fraudulentas y violentas. Las elecciones fueron ampliamente condenadas por la comunidad internacional, incluida la ONU, debido a la represión contra los opositores y la detención de los líderes del partido de Suu Kyi, que fueron encarcelados o asesinados.
Mientras tanto, el Gobierno de Unidad Nacional (NUG), una coalición de políticos depuestos y exiliados, sigue luchando por el restablecimiento de la democracia en Birmania. A pesar del control militar, la resistencia continúa, apoyada por movimientos guerrilleros y grupos prodemocracia. El NUG también ha insistido en la necesidad de celebrar elecciones libres, inclusivas y creíbles, y agradeció el respaldo de la ASEAN (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático), que esta semana reiteró la importancia de un proceso electoral genuino.
La situación en Birmania sigue siendo crítica, con un país sumido en la violencia y la represión. Durante las elecciones de enero de 2026, ataques del Ejército dejaron al menos 87 muertos, reflejando la creciente polarización y el conflicto armado entre las fuerzas militares y los grupos prodemocráticos.
Organismos internacionales como la Unión Europea y la ONU han condenado las acciones del régimen y han pedido el fin de la violencia, el retorno a un proceso político pacífico y la liberación de todos los prisioneros políticos. El futuro de Birmania sigue siendo incierto, pero la esperanza de restaurar la democracia continúa viva para muchos, liderados por figuras como Aung San Suu Kyi.




