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El discurso que todavía retumba en los GRAMMY

El discurso que todavía retumba en los GRAMMY

El cantante de country Jelly Roll se convirtió en uno de los protagonistas más comentados de la 68.ª edición de los Premios GRAMMY, al dedicar su discurso de aceptación a la fe y a su experiencia personal en lugar de centrarse en polémicas. El artista recibió el galardón a Mejor Álbum Country Contemporáneo por Beautifully Broken y aprovechó el momento para compartir un emotivo testimonio sobre su transformación gracias a Dios y la música.

“Sé que van a intentar sacarme de aquí, así que déjenme decir esto. Primero que nada, Jesús, te escucho y estoy escuchando, Señor”, comenzó Jelly Roll, visiblemente emocionado, antes de agradecer a su esposa por haberlo apoyado en los momentos más difíciles de su vida.

El cantante recordó que hubo un tiempo en que se sintió roto y sin esperanza, incluso contemplando decisiones oscuras. “Fui un ser humano horrible. Hubo un momento en mi vida en el que todo lo que tenía era una Biblia pequeña y una radio dentro de una celda de seis por ocho pies, y creí que esas dos cosas podían cambiar mi vida”, relató mientras sostenía una Biblia de bolsillo en el escenario.

Jelly Roll destacó el papel esencial de la música y la fe en su proceso de cambio: “Creo que la música tiene el poder de transformar la vida y Dios tiene el poder de cambiarla aún más”.

Para cerrar su discurso, el artista envió un mensaje de esperanza y universalidad de la fe: “Jesús es para todos. No pertenece a ningún partido político ni a ninguna discográfica. Jesús es Jesús, y cualquiera puede tener una relación con Él. Te amo, Señor”.

Su intervención ha sido ampliamente reconocida por llevar un mensaje espiritual directo y auténtico al escenario de los GRAMMY, destacando la redención y la gratitud como ejes centrales de su historia de vida.

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