El presidente Vladímir Putin y su homólogo Donald Trump se encuentran contra reloj para intentar salvar el START III, el último acuerdo vigente de desarme nuclear entre ambas potencias. Su expiración dejaría al mundo sin un sistema de control de armas nucleares por primera vez desde 1972, cuando la Unión Soviética y Estados Unidos firmaron el tratado SALT.
Expertos advierten que, debido al creciente antagonismo entre Rusia y Occidente tras la guerra en Ucrania, la ausencia de este tratado podría sumir al planeta en una situación de inestabilidad estratégica comparable a la Crisis de los Misiles de Cuba en 1961.
El Nuevo START fue suscrito en 2010 por Dmitri Medvédev y Barack Obama y renovado en 2021 por cinco años. En septiembre de 2025, Putin propuso extender por un año los límites del tratado —1.550 ojivas nucleares, 700 misiles y 800 sistemas de lanzamiento por país—, pero EE.UU., bajo Trump, no respondió oficialmente. El exmandatario insiste en que, si el acuerdo expira, “pues que expire”, apostando por negociar un pacto futuro que incluya a China.
El Kremlin ha advertido que un nuevo tratado sería “largo” y “complicado”, mientras que países como China, Francia y Reino Unido se muestran reticentes a sumarse a futuras reducciones de armas estratégicas. Aún así, Putin ha reforzado la cooperación diplomática con Pekín como factor de estabilidad en un mundo cada vez más turbulento.
Organizaciones como Nuclear Threat Initiative alertan que, de no mantenerse los límites del START III, Rusia y EE.UU., que poseen más del 85 % del arsenal nuclear mundial, podrían duplicar sus despliegues, en un contexto potenciado por la expansión nuclear de China y tecnologías armamentísticas avanzadas.
Los críticos recuerdan que Rusia suspendió la aplicación del tratado en 2023, limitando las inspecciones occidentales, mientras continúa desarrollando armamento de nueva generación, como el sumergible nuclear Poseidón, el misil de crucero Burevéstnik y el misil hipersónico Oréshnik, ya utilizado en Ucrania.
En este escenario, la expiración del START III no solo marcaría el fin de una era de control nuclear, sino que abriría la puerta a una posible escalada armamentista global, con riesgos inéditos desde la Guerra Fría.




