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Mike Hammer, el embajador americano en Cuba que humaniza su gestión

Mike Hammer, el embajador americano en Cuba que humaniza su gestión

Mike Hammer, el embajador americano en Cuba que humaniza su gestión. En medio de las tensiones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, Mike Hammer se destaca como el Chargé d’Affaires ad interim de la Embajada de EE.UU. en La Habana desde noviembre de 2024.

Con una carrera de más de 35 años en el servicio exterior, Hammer ha servido previamente como embajador en Chile y la República Democrática del Congo, y como enviado especial para el Cuerno de África.

Su enfoque en Cuba se centra en una diplomacia cercana al pueblo, visitando provincias y reuniéndose con ciudadanos comunes para entender sus preocupaciones diarias.

Esta estrategia ha sido calificada como «no ortodoxa», alineándose con la política de la Administración Trump para apoyar a los disidentes y criticar al régimen cubano.
La cuenta de X @USEmbCuba, con más de 141,000 seguidores, sirve como ventana principal a las actividades de Hammer, publicando mayoritariamente en español para conectar con el público local.

Las publicaciones incluyen videos y fotos de sus recorridos por Holguín, Camagüey, Ciego de Ávila y Trinidad, donde verifica la distribución de ayuda humanitaria tras el huracán Melissa.

El tono es empático, invitando a los cubanos a contactar la embajada por email para visitas personales, fomentando un diálogo directo.
Hashtags como #CubanosDeAPie y #RecorriendoCuba resaltan el compromiso con la gente común, generando alto engagement en las redes.

Hammer ha realizado reuniones con líderes religiosos, como el Obispo Wilfredo Pino Estévez en Camagüey y el Cardenal Juan de la Caridad García Rodríguez, discutiendo la crisis económica y la ayuda a través de Cáritas Cuba.

En eventos como la celebración del 250 aniversario de la independencia estadounidense, coincidiendo con el natalicio de José Martí, promueve valores democráticos pese a detenciones de invitados por el régimen.

Sus visitas incluyen conversaciones en hogares cubanos, donde ora por una «Cuba libre» y comparte momentos cotidianos como tomar café.
Estas interacciones humanizan su gestión, posicionándolo como un puente entre Washington y el pueblo cubano.
Sin embargo, su estilo ha generado controversias, con actos de repudio organizados por el gobierno cubano, como el ocurrido en Camagüey donde fue insultado durante una reunión.

El Departamento de Estado ha condenado estas interferencias, acusando al régimen de tácticas de intimidación fallidas.
En Puerto Padre, Las Tunas, intentos de visitas fueron frustrados por detenciones temporales de activistas.

A pesar de ello, Hammer persiste en su labor, afirmando que su rol es informar sobre la realidad del país.
El impacto de Hammer es evidente en su popularidad entre disidentes, líderes religiosos y ciudadanos, ganando corazones al priorizar el apoyo humanitario y los derechos humanos.

Su diplomacia de calle fortalece la posición de EE.UU. en la isla, inspirando esperanza en medio de la crisis.

Aunque criticado por La Habana como intervencionista, su enfoque representa una renovación en las relaciones bilaterales.
En última instancia, Hammer humaniza la gestión diplomática, demostrando que el verdadero cambio comienza con el pueblo.

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