El Gobierno del primer ministro británico, Keir Starmer, atraviesa una nueva turbulencia política tras registrarse una segunda dimisión en su núcleo de mando, en medio de la polémica desatada por los vínculos entre el exembajador Peter Mandelson y el fallecido financiero estadounidense Jeffrey Epstein.
El director de Comunicación, Tim Allan, anunció este lunes que abandona el cargo con el objetivo de “facilitar la creación de un nuevo equipo en Downing Street”. Allan, que ocupaba la posición desde hacía pocos meses, transmitió además sus “mejores deseos” al primer ministro y a su equipo.
El origen de la crisis: el nombramiento de Mandelson
La salida de Allan se suma a la del jefe de gabinete y principal asesor de Starmer, Morgan McSweeney, quien dimitió el domingo. McSweeney reconoció haber apoyado el nombramiento de Mandelson como embajador en Estados Unidos en febrero de 2025. El diplomático fue destituido meses después, tras revelarse el alcance de su relación con Epstein, condenado por delitos de abuso infantil.
Aunque parte del Partido Laborista celebró la dimisión de McSweeney por considerar que acumulaba demasiada influencia, diputados de varias formaciones insisten en que la responsabilidad final por ese nombramiento recae directamente en Starmer.
Crece la presión política
La líder del Partido Conservador, Kemi Badenoch, afirmó que la situación del primer ministro es “insostenible”, mientras que el ministro principal escocés, John Swinney, sostuvo que el episodio evidencia una “falta de fortaleza” en el liderazgo de Starmer.
En defensa del mandatario, la secretaria de Estado de Igualdad, Jacqui Smith, aseguró que Starmer está “decidido a continuar” con su mandato, tras haber llegado al poder con una mayoría absoluta en julio de 2024.
Reunión clave con los laboristas
Starmer se reunirá esta tarde con su grupo parlamentario en la Cámara de los Comunes, en un encuentro crucial para reafirmar apoyos internos y contener las tensiones que amenazan su liderazgo en un momento especialmente delicado.




