En los últimos años, múltiples investigaciones médicas han señalado cada vez con mayor claridad que el uso de vapeadores o cigarrillos electrónicos conlleva riesgos significativos para la salud, incluso más allá de la percepción de que son una alternativa “segura” al tabaco tradicional.
Un análisis liderado por investigadores de Johns Hopkins Medicine, basado en casi 250,000 personas, encontró que el uso exclusivo de cigarrillos electrónicos se asocia con un mayor riesgo de desarrollar enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), y en algunos grupos también con presión arterial alta, comparado con quienes no vapean.
Estudios adicionales han detectado que los aerosoles generados por los vapeadores contienen una combinación de químicos volátiles y metales pesados que pueden dañar las células de las vías respiratorias y los vasos sanguíneos, alterando la función normal del sistema cardiovascular.
Investigaciones a largo plazo también han mostrado que las personas que vapean tienen una probabilidad mucho mayor de experimentar síntomas respiratorios, como sibilancias (silbidos) y sensación de falta de aire, que aquellos que nunca han usado estos dispositivos.
Además de los efectos pulmonares y cardiovasculares, revisiones científicas recientes han explorado el potencial de los cigarrillos electrónicos para aumentar el riesgo de cáncer, ya que el vapor puede contener compuestos tóxicos y carcinógenos producidos durante el calentamiento del líquido.
Advertencias de organismos de salud y muestras entre jóvenes
Organizaciones de salud pública, como el Ministerio de Salud Pública de República Dominicana y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), han advertido sobre los peligros de los cigarrillos electrónicos, especialmente entre jóvenes y adolescentes, señalando que los productos de vapeo contienen sustancias tóxicas que pueden causar daños a las vías respiratorias, los pulmones e incluso contribuir al desarrollo de cáncer.
Revisiones de cientos de estudios han revelado también que los jóvenes que vapean tienen más probabilidades de comenzar a fumar tabaco tradicional u otras sustancias, en comparación con quienes nunca usan vapeadores.
Lo que dicen los expertos
Los especialistas subrayan que la nicotina, presente en la mayoría de los líquidos de vapeo, sigue siendo un agente altamente adictivo y puede tener efectos perjudiciales en el desarrollo del cerebro en adolescentes y jóvenes adultos. Además, el daño a los vasos sanguíneos y a la función pulmonar a largo plazo aún se está estudiando, pero la evidencia acumulada sugiere que los riesgos son reales y preocupantes.
Aunque algunos estudios comparan el vapeo con los cigarrillos convencionales —que son extremadamente dañinos—, esto no implica que el vape sea seguro; simplemente refleja que ambos comportan riesgos importantes para la salud y ninguno debería considerarse inocuo.




