El Departamento del Tesoro de Estados Unidos autorizó de manera temporal la compra y venta de petróleo iraní que permanece almacenado en buques en alta mar, como parte de las medidas impulsadas por la administración del presidente Donald Trump para contener el alza de los combustibles.
La decisión busca aliviar la presión en los mercados energéticos en medio del conflicto con Irán y el cierre del estratégico Estrecho de Ormuz, uno de los principales puntos de tránsito de crudo a nivel mundial.
Hasta 140 millones de barriles al mercado
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, explicó que la medida permitirá incorporar aproximadamente 140 millones de barriles al mercado internacional.
La autorización aplica al petróleo ya cargado en embarcaciones y estará vigente hasta el 19 de abril. No obstante, el funcionario aclaró que Irán enfrentará restricciones para acceder a los ingresos generados, ya que se mantendrán controles sobre su acceso al sistema financiero internacional.
Medidas ante la crisis energética
Esta disposición se suma a otras acciones adoptadas por Washington para enfrentar la volatilidad del mercado petrolero, como la flexibilización temporal de sanciones al crudo ruso y ajustes a regulaciones marítimas para facilitar el transporte de petróleo.
Desde el inicio de las tensiones en Medio Oriente y el cierre del Estrecho de Ormuz, Estados Unidos ha implementado estrategias para evitar una escalada más pronunciada en los precios del combustible.
Impacto en los mercados
De acuerdo con la Asociación Automovilística Estadounidense, el precio del galón de gasolina en Estados Unidos se sitúa entre 3.8 y 4.2 dólares.
En tanto, el crudo ha registrado aumentos cercanos al 3 %, con el barril de referencia Brent alcanzando alrededor de 112 dólares, lo que representa un incremento significativo desde el inicio del conflicto.
Por otro lado, el índice bursátil S&P 500 mostró una caída aproximada del 1.5 %, reflejando la incertidumbre de los mercados ante la situación geopolítica.
Con estas medidas, Estados Unidos busca estabilizar el suministro energético global y mitigar el impacto de la crisis sobre los consumidores y la economía.




