Más de 1.100 personas han sido secuestradas en el norte de Nigeria por grupos armados o facciones yihadistas en lo que va de este año, alertó la organización defensora de los derechos humanos, Amnistía Internacional (AI), instando a las autoridades a tomar medidas urgentes para frenar esta creciente crisis.
En un comunicado difundido este domingo, AI denunció que las víctimas de estos secuestros son sometidas a tratos crueles e inhumanos, como torturas, privación de alimentos, mutilaciones, violaciones y la obligación de presenciar o incluso participar en actos de violencia extrema. Las condiciones de detención, según la organización, son «desgarradoras» y mantienen a las personas en un estado constante de sufrimiento físico y psicológico.
Isa Sanusi, director de AI en Nigeria, subrayó que el hecho de que las autoridades no tomen las medidas necesarias para garantizar la seguridad de la población constituye una grave violación de sus deberes en materia de derechos humanos, de acuerdo con la Constitución nigeriana y la Carta Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos.
Sanusi también advirtió que las estadísticas oficiales sobre el número de secuestros perpetrados por bandas armadas tienden a subestimar drásticamente la magnitud de este problema. «En casi todos los casos, estos secuestros se acompañan de asesinatos y saqueos de hogares y comercios. En muchos casos, las familias deben vender todo lo que tienen para poder pagar el rescate, mientras que las comunidades recurren a la financiación colectiva para liberar a sus miembros secuestrados», explicó.
Aquellos que no logran reunir el dinero necesario para el rescate suelen enfrentar consecuencias aún peores, como la muerte, la desaparición o un aumento en las torturas a las que son sometidos.
El impacto de estos secuestros va más allá de las víctimas directas, ya que la violencia está afectando profundamente el sistema educativo. Miles de niños, aterrados por la posibilidad de ser raptados, han abandonado la escuela, y muchas niñas, en particular, se ven obligadas a dejar sus estudios y casarse para evitar ser secuestradas. AI lamentó que esta situación esté privando a una generación entera de su derecho a la educación.
Algunos de los ataques más recientes, reportados por AI, incluyen un ataque el 3 de febrero en el pueblo de Woro, en el estado de Kwara, atribuido al grupo yihadista Boko Haram, que resultó en la muerte de 200 personas y el secuestro de 176 más. Un mes antes, el 3 de enero, hombres armados secuestraron a 57 personas tras asaltar la comunidad de Kasuwan Daji, en el estado de Níger, donde también fueron asesinadas 30 personas.
Los centros de culto, tanto musulmanes como cristianos, tampoco han escapado a estos ataques. El 18 de enero, más de 160 personas fueron secuestradas en un asalto contra tres iglesias en la zona de Kajuru, en el estado de Kaduna.
En algunas regiones de Nigeria, especialmente en los estados del centro y noroeste, los ataques son perpetrados por bandas criminales que se especializan en secuestros masivos con el fin de obtener rescates, conocidos localmente como «bandidos». Aunque las autoridades a veces los califican como «terroristas», las bandas continúan sembrando el caos en varias zonas del país.
El noroeste de Nigeria ha sido particularmente vulnerable a los ataques del grupo terrorista Estado Islámico-Provincia del Sahel (ISSP), que ha perpetrado atentados en los estados de Kebbi y Sokoto en los últimos años. Al mismo tiempo, el noreste de Nigeria sigue siendo escenario de violencia desde 2009 debido a los ataques de Boko Haram, que se intensificaron después de 2016 con la aparición de su escisión, el Estado Islámico en la Provincia de África Occidental (ISWAP).




