Por: Awilma Nuñez- Santo Domingo, — Desde el preciso instante en que el ingeniero Jhael Isa Tavárez tomó las riendas de la Oficina para el Reordenamiento del Transporte (OPRET) el pasado 17 de noviembre de 2025 —respaldado por el decreto presidencial núm. 652-25—, el principal sistema de transporte masivo del país ha estado sometido a un riguroso y constante escrutinio público. La promesa de modernización y eficiencia con la que llegó a la institución ha chocado de manera abrupta con una realidad operativa plagada de contratiempos.
Lejos de representar una transición fluida, los primeros pasos de su administración estuvieron marcados por la inestabilidad. Apenas transcurridas cuarenta y ocho horas desde su juramentación, la red ferroviaria colapsó parcialmente en puntos neurálgicos, evidenciando la fragilidad con la que operaban los centros de mando y los sistemas de control de tráfico bajo su supervisión directa.
El episodio inicial tuvo lugar en las inmediaciones de la estación María Montez, perteneciente a la Línea 2, donde un fallo técnico crítico en los mecanismos de señalización y cambio de vías paralizó parcialmente el flujo de pasajeros. Las autoridades de la OPRET intentaron justificar la anomalía aduciendo un falso contacto eléctrico, el cual presuntamente habría sido inducido por las vibraciones derivadas de las obras de expansión de la Línea 2C hacia Los Alcarrizos.
Como consecuencia de este primer colapso, el caos se apoderó de las terminales, obligando a la implementación improvisada de corredores de autobuses alternativos para socorrer a miles de ciudadanos varados. Esta situación dejó al descubierto la falta de planes de contingencia efectivos ante imprevistos técnicos de gran escala en los albores de su mandato gerencial.
La crisis operativa no se limitó a la Línea 2 durante esa jornada inaugural. De forma paralela, el tramo norte de la Línea 1 experimentó una interrupción abrupta que dejó incomunicadas temporalmente las estaciones comprendidas entre Mamá Tingó y Hermanas Mirabal, obligando a los usuarios a abandonar las instalaciones y buscar alternativas de transporte por cuenta propia.
Con el paso de las semanas, los problemas mecánicos y de infraestructura continuaron saliendo a flote de manera recurrente. Varios incidentes relacionados con fallas en los sistemas de cierre de puertas en los vagones obligaron a desalojar trenes en plena hora pico, tal como ocurrió en la estación Pedro Livio Cedeño, encendiendo las alarmas sobre el verdadero estado del mantenimiento preventivo de la flota rodante.
Asimismo, la gestión de Isa ha tenido que lidiar con constantes suspensiones programadas y restricciones nocturnas en la red de catenarias para realizar labores de corrección que debieron estar optimizadas con antelación. Estas intervenciones constantes han ralentizado la movilidad urbana y han incrementado la frustración colectiva de los usuarios que dependen diariamente del Metro para llegar a sus destinos laborales y académicos.
A todo este panorama de deficiencias técnicas se suman los efectos colaterales de las vulnerabilidades energéticas externas e internas que han sacudido al sistema ferroviario. Apagones generales y fallas en subestaciones de tracción eléctrica han dejado expuestas las limitaciones de los respaldos de emergencia, provocando parálisis prolongadas que desestabilizan por completo la circulación de los convoyes en las líneas principales.
La acumulada sucesión de fallas mecánicas, interrupciones eléctricas, problemas de señalización y la evidente saturación en las horas de mayor demanda han generado un profundo descontento en la ciudadanía. Para diversos sectores sociales y expertos en movilidad, la acumulación de estas debilidades operativas demuestra que la dirección actual no ha sabido anticiparse a las crisis ni garantizar los estándares de calidad exigidos.
En consecuencia, el balance de este período sitúa a la administración de Jhael Isa bajo una calificación fuertemente reprobatoria por parte de la opinión pública. La incapacidad para ofrecer un servicio continuo, seguro y libre de sobresaltos consolida la percepción de que el liderazgo técnico en la OPRET ha quedado corto frente a los enormes desafíos estructurales que demanda el transporte masivo en la República Dominicana.




