Más de 158 millones de brasileños están convocados este domingo a las urnas en unas elecciones que no solo decidirán la permanencia de Luiz Inácio Lula da Silva en la Presidencia o el ascenso del ultraderechista Flávio Bolsonaro, sino que también redefinirán el equilibrio de poder en América Latina frente a la presión de Washington.
Un escenario de alta tensión geopolítica El resultado de estos comicios presidenciales dará forma al mapa político regional en el tramo final del mandato del republicano Donald Trump en Estados Unidos. Mientras gran parte de la región ha sido bañada por la ola derechista, Brasil se mantuvo en los últimos cuatro años como bastión del progresismo sudamericano, liderado por Lula. En respuesta a los embates de Trump, el mandatario brasileño ha elevado su discurso soberanista: “Brasil no cabe en el patio trasero de nadie”, dijo en la Asamblea General de la ONU.
Por su parte, Bolsonaro prometió que, de ganar, se sumará al Escudo de las Américas, iniciativa de seguridad impulsada por Estados Unidos y respaldada por líderes como el argentino Javier Milei, el paraguayo Santiago Peña y el chileno José Antonio Kast.
Campaña marcada por escándalos Los dos favoritos representan caminos antagónicos: Lula, con una extensa carrera y en busca de un cuarto mandato no consecutivo a sus 80 años, y Bolsonaro, abogado de 45 años, ungido por su padre tras la condena por golpe de Estado. La campaña se ha visto dominada por noticias falsas, insultos y escándalos de corrupción.
El más sonado fue el del Banco Master, considerado el mayor fraude financiero del país. Su dueño, Daniel Vorcaro, tejió una red de influencias en los Tres Poderes. Bolsonaro quedó vinculado al solicitarle unos 12 millones de dólares para financiar una película sobre su padre. Aunque Lula no se vio directamente implicado, la cercanía de Vorcaro con el magistrado Alexandre de Moraes, aliado del mandatario, generó ruido político.
La pugna por el voto útil Las encuestas mantienen un empate técnico en intención de voto y en tasa de rechazo, que supera el 50 % en algunos sondeos. Este escenario neutralizó las posibilidades de las llamadas “terceras vías”, como el psiquiatra y escritor Augusto Cury, que llegó al 11 % en agosto, o el ultraderechista Renan Santos.
Ante ello, tanto Lula como Bolsonaro apelan al voto útil. Bolsonaro insiste en que es el único capaz de derrotar al líder del Partido de los Trabajadores, mientras Lula centra su estrategia en reducir la abstención, históricamente alta. En la primera vuelta de 2022, el 21 % de los electores habilitados no acudió a votar.
La campaña del mandatario lanzó contenidos dirigidos a los adultos mayores de 70 años, quienes no están obligados a votar y representan más del 10 % del padrón. Este grupo es clave, pues Lula acarrea una ventaja significativa en ese segmento.




