En la política dominicana, los “bellacos” —esos operadores internos que muerden desde la sombra— suelen aparecer cuando alguien demuestra capacidad de crecer sin pedir permiso. Guido Gómez Mazara, presidente del Consejo Directivo del Indotel y dirigente del PRM con aspiraciones para 2028, se ha convertido en el blanco recurrente de ese tipo de maniobras. Mientras varios compañeros de partido callan ante críticas externas o se concentran en sus propios cálculos, él ha asumido, de forma casi solitaria, la defensa del gobierno de Luis Abinader.
Las encuestas lo colocan como una tercera fuerza real dentro del oficialismo. No lidera, pero tampoco es un satélite. Su peso radica en que no ataca a sus compañeros: su discurso insiste en primarias abiertas, respeto a los acuerdos de Jarabacoa, voto directo de las bases y continuidad del proyecto de gobierno. El equipo que lo respalda lo ha reiterado por escrito: no han decidido apoyar a nadie más y mantienen el respaldo a la gestión de Abinader.
Esa combinación —defensa del gobierno + ausencia de ataques internos + criterio de unidad— parece molestar a sectores que prefieren la fragmentación controlada. Las campañas han sido sucesivas y de distinto calibre.
Una de las más visibles fue la vinculada a la licitación de espectro a Viettel. Gómez Mazara defendió el proceso como competitivo y transparente, orientado a romper un duopolio que concentra cerca del 95 % del mercado telefónico. Se le intentó asociar con riesgos de seguridad nacional y, según versiones que circularon, se usó el tema para bloquear cualquier posibilidad de que fuera designado ministro de Educación, un cargo para el que su perfil (formación, experiencia y énfasis en educación tecnológica y STEM) lo había posicionado en algunos círculos.
Luego llegó el episodio del bloqueo de señales en las cárceles. Indotel destinó alrededor de RD$300 millones a la Procuraduría para inhibidores en cinco recintos. El funcionario explicó públicamente las limitaciones técnicas: en centros como La Victoria, ubicados en entornos poblados, el bloqueo afectaría a comunidades enteras. Aun así, el tema se utilizó para cuestionar su gestión, a pesar de que el organismo regulador no administra los penales y de que el problema de fondo (ingreso de celulares por corrupción interna) excede sus competencias.
La operación inmobiliaria, que puso fin a más de dos décadas de alquileres y se proyecta con un ahorro estimado de más de RD$1.500 millones en la próxima década, fue explicada por el propio Gómez Mazara en entrevistas y culminó con una inauguración junto a la vicepresidenta Raquel Peña. El intento de convertir una decisión de racionalidad administrativa en un escándalo filtrado encaja en el patrón: desgastar por acumulación.
Más recientemente se ha recurrido a Santiago Matías, Alofoke. El comunicador ha lanzado críticas directas (“tú nada más hablas lindo”), y Guido ha respondido sin entrar en el terreno del insulto personal, limitándose a señalar que no debate con quien considera que no está a la altura intelectual del intercambio. La secuencia tiene el aroma de una operación de desgaste: se activa un perfil de alto impacto mediático para generar ruido, y el blanco es quien no responde con la misma moneda.
Ahora circula un video que habría sido grabado mientras esperaba en el ático del palacio Consistorial en la Ciudad Colonial, su barrio, vinculando esto a una alianza con Carolina Mejía.
El patrón es claro. No se trata de un debate de ideas ni de una competencia limpia de proyectos. Se trata de campañas de desgaste contra quien, sin atacar a los suyos, defiende el gobierno y mantiene un criterio de unidad y continuidad.
En un PRM que se prepara para definir candidatura en 2027-2028, los bellacos internos suelen salir más caros que la oposición externa. Guido Gómez Mazara sigue respondiendo con hechos, explicaciones y defensa del proyecto, en lugar de sumarse al fuego cruzado. El tiempo dirá si esa postura resulta sostenible o si el partido termina pagando el precio de haber permitido que se le desgaste a quien, por ahora, representa una de las pocas voces consistentes de unidad dentro del oficialismo.
Por: Salvador Levy – Analista politico




