Nombrada apenas hace una semana por el presidente Donald Trump, la portavoz de la Casa Blanca, Katie Zacharia, dejó este viernes el cargo tras un inicio marcado por controversias y cuestionamientos sobre sus credenciales académicas.
Zacharia, de 41 años, protagonizó una de las carreras más cortas en la historia reciente del cargo, luego de admitir que no contaba con el título de abogada como había afirmado inicialmente. Su única rueda de prensa en el podio de la Casa Blanca, celebrada el pasado martes, duró apenas 14 minutos y se limitó a responder tres preguntas.
La reacción de Trump
El presidente Trump comentó sobre la salida de Zacharia antes de partir a un mitin en Georgia:
“Le dije: ‘Katie, ¿esto es para ti?’… En tu lugar, lo reconsideraría”.
El mandatario aseguró que entendía las razones de su renuncia y que ella no tenía por qué continuar en un puesto que no se ajustaba a sus circunstancias personales.
Breve paso por la Casa Blanca
Zacharia había admitido en una entrevista televisiva que es licenciada en Derecho por la Universidad Pepperdine (2011), pero que nunca pasó el examen de abogacía. En su intervención junto a Trump en los jardines de la Casa Blanca, cometió el desliz de afirmar que había obtenido el título antes de viajar a China, donde trabajó en consultoría de Derecho comercial internacional.
Su salida se convierte en un nuevo revés para la administración Trump, a tres semanas de unas elecciones legislativas decisivas, en las que los republicanos enfrentan sondeos desfavorables y desventaja en recaudación de fondos.
Antecedentes y contexto
Zacharia sustituía en el cargo a Karoline Leavitt, quien renunció en agosto tras dar a luz. Leavitt había sido una de las defensoras públicas más prominentes del segundo gobierno de Trump.
La salida de Zacharia recuerda el caso de Anthony Scaramucci, quien en 2017 duró apenas once días como director de comunicaciones de la Casa Blanca, antes de convertirse en uno de los críticos más duros del presidente dentro del Partido Republicano.
El cargo de portavoz se ha convertido en uno de los más complejos dentro de la administración Trump, debido al tono hostil con el que el presidente se relaciona con la prensa y a la exigencia de atender las solicitudes constantes de los corresponsales acreditados.




