En el marco del Día Internacional de las Mujeres Rurales, la ministra de la Mujer, Gloria Reyes, destacó el aporte de este colectivo al desarrollo comunitario y familiar, pero advirtió sobre el desafío urgente de reducir los niveles de pobreza que afectan al 23.53 % de las mujeres rurales, según datos oficiales.
Brechas persistentes
Reyes subrayó que aún existen limitaciones que restringen las oportunidades económicas, sociales y personales de las mujeres del campo. Señaló la necesidad de ampliar el acceso al empleo, promover una distribución más equitativa de las responsabilidades de cuidado y garantizar que las adolescentes cuenten con información y protección para desarrollar sus proyectos de vida.
De acuerdo con la Oficina Nacional de Estadística (ONE), en 2025 el 23.54 % de las mujeres rurales vivía en condición de pobreza, frente al 17.74 % de las mujeres urbanas. Además, solo el 34.8 % de las mujeres rurales estaba ocupada, en comparación con el 43.8 % de las urbanas, según la Encuesta Nacional Continua de Fuerza de Trabajo (ENCFT) del Banco Central.
Adolescentes y violencia
Los indicadores de la EnHogar-MICS 2025 revelan que el 15 % de las adolescentes rurales de 15 a 19 años estaba casada o en unión, frente al 11 % de las urbanas. Asimismo, el 19.7 % de las mujeres rurales de 20 a 24 años había tenido un hijo antes de los 18 años, frente al 14.6 % de las urbanas.
En cuanto a la violencia, la ONE reportó 14 feminicidios íntimos en zonas rurales y 46 en urbanas durante 2025, según el Compendio de Estadísticas de Mujeres Fallecidas en Condiciones de Violencia 2021-2025. Reyes insistió en la importancia de fortalecer la prevención y la respuesta institucional para proteger la vida y los derechos de las mujeres.
Trabajo doméstico y cuidados
La ministra también abordó la desigual distribución del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, que limita el tiempo de las mujeres para estudiar, trabajar y desarrollar proyectos personales. Según la Encuesta EnHogar 2021, las mujeres rurales de 15 años o más dedicaban en promedio 27.7 horas semanales a estas labores, frente a 12 horas de los hombres rurales. En zonas urbanas, las mujeres destinaban 25.7 horas, mientras que los hombres invertían 11.9 horas.
Reyes concluyó que avanzar en la autonomía económica de las mujeres rurales requiere reconocer y redistribuir las responsabilidades de cuidado, además de ampliar las oportunidades de formación y empleo en las comunidades.




