Santo Domingo, RD.— La Ciudad Colonial de Santo Domingo atraviesa una situación preocupante debido a los prolongados trabajos de remodelación que han generado dificultades de movilidad, reducción de las ventas y creciente incertidumbre entre residentes, comerciantes y visitantes. Lo que debía representar una renovación para fortalecer el turismo y dinamizar la economía local se ha convertido, para muchos negocios, en una lucha por sobrevivir. Las calles cerradas, los desvíos, el polvo y los obstáculos dificultan el acceso de los clientes, mientras los propietarios deben continuar pagando alquileres, salarios y otros compromisos económicos.
Uno de los efectos más alarmantes es la situación del comercio. Según las denuncias de comerciantes de la zona, más de 25 establecimientos habrían quebrado desde el inicio de los trabajos más intensivos, una cifra que requiere verificación actualizada. La disminución del tránsito peatonal, la falta de estacionamientos y las dificultades para circular han perjudicado la actividad comercial, obligando a algunos negocios a reducir sus horarios y a otros a cerrar definitivamente. Cada establecimiento que desaparece representa empleos perdidos, familias afectadas y un debilitamiento de la economía de uno de los principales atractivos históricos y turísticos del país.
A las pérdidas económicas se suman las molestias que enfrentan los residentes, quienes denuncian problemas para acceder a sus viviendas, contaminación por polvo, ruido de maquinaria pesada y calles que permanecen cerradas durante períodos prolongados. La escasez de parqueos y las dificultades para maniobrar en determinadas vías agravan el congestionamiento. Mientras tanto, los visitantes pueden encontrarse con obstáculos que dificultan recorrer y disfrutar de la zona. La pregunta que se hacen muchos ciudadanos es cuánto tiempo más tendrán que soportar esta situación y qué medidas se tomarán para reducir las consecuencias de una intervención que afecta su vida cotidiana.
Ante este panorama, el ministro de Turismo, David Collado, les debe respuestas claras y ser responsables de su ejecución. Aunque se han señalado factores como los hallazgos arqueológicos y las condiciones climáticas para explicar algunas demoras, los residentes y comerciantes necesitan un cronograma actualizado, fechas realistas de conclusión y resultados que puedan comprobarse. La presencia de obreros y maquinaria no basta si persisten las dificultades de acceso y los negocios continúan perdiendo clientes. La transparencia, la supervisión y la comunicación con la comunidad deben ser prioridades.
Los comerciantes y residentes no se oponen a la modernización de la Ciudad Colonial; reclaman que las obras se realicen con planificación, organización y sensibilidad social. Es necesario habilitar accesos seguros, mejorar la señalización, informar oportunamente sobre los cierres y evaluar medidas de apoyo para los negocios que puedan demostrar pérdidas relacionadas con las intervenciones. También se requiere un equilibrio entre la ampliación de los espacios peatonales, la circulación vehicular y las necesidades de estacionamiento. La recuperación urbana no puede convertirse en una carga que recaiga exclusivamente sobre quienes viven y trabajan en el área.
La Ciudad Colonial es un patrimonio histórico de valor incalculable y su conservación debe ir de la mano con la protección de su gente y su economía. El verdadero éxito de esta intervención no se medirá únicamente por las calles renovadas, sino también por los comercios que logren mantenerse abiertos, los empleos que se preserven y la tranquilidad que recuperen sus residentes. El llamado al ministro de Turismo, David Collado, y a las instituciones responsables es urgente: agilizar los trabajos, transparentar los plazos y ofrecer soluciones concretas. La Zona Colonial necesita dejar atrás el caos y la incertidumbre para volver a ser un espacio de convivencia, turismo y prosperidad, no un escenario de pérdidas económicas y negocios en quiebra.
Por: Awilma Nuñez




