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Salvador Levy

Reino Unido y los laboristas dan la espalda a Israel, la nación que ayudaron a fundar

Durante casi dos siglos, el consulado británico del barrio jerosolimitano de Sheikh Jarrah fue una pieza fija del mapa diplomático. El 8 de octubre de 2026, Israel oficializó su cierre y dejó solo a siete personas con funciones muy limitadas. Esa imagen resume una relación que se ha roto con una rapidez que pocos preveían.

Una amistad con raíces profundas

Pocos partidos estuvieron tan ligados a la causa sionista como el Laborista. Respaldó la Declaración Balfour ya en diciembre de 1917 y, en 1944, aprobó su moción más favorable hasta entonces. Hasta 1948, once conferencias del partido reafirmaron el apoyo a un hogar nacional judío, y Harold Wilson presumió de que ninguna formación estaba más comprometida con él.

La historia tuvo, eso sí, un giro amargo. Al gobernar, Attlee y su ministro Ernest Bevin cambiaron de rumbo. Bevin se opuso a la partición para no perder a los países árabes, clave para el petróleo, y Gran Bretaña fue la única aliada de la guerra que se abstuvo en la votación de la ONU. Ya entonces, el laborismo tuvo que elegir entre sus ideales y sus intereses.

De Starmer a Burnham

En campaña, Keir Starmer dijo que Israel tenía derecho a cortar el agua y la electricidad a Gaza y luego rectificó. Ya en el Gobierno, llegaron un embargo parcial de armas, el reconocimiento de Palestina en 2025 y sanciones a los ministros Smotrich y Ben-Gvir. En el entorno de Netanyahu se le veía como un adversario, mientras que en su partido se le reprochaba hacer muy poco. Anunció su dimisión el 22 de junio de 2026.

Su sucesor, Andy Burnham, ya había roto filas en 2023 al pedir un alto el fuego. Desde que gobierna, ha dado más firmeza a un giro que venía de antes. El 8 de septiembre, el ministro de Exteriores, Ed Miliband, anunció la prohibición de importar productos de los asentamientos y de prestarles servicios, junto con un embargo de armas más estricto. Habló de «limpieza étnica» en Cisjordania y sugirió que hubo crímenes de guerra en Gaza.

Israel respondió con el cierre del consulado, la expulsión de representantes británicos del centro de coordinación de Gaza, el fin de la formación a fuerzas palestinas y vetos de entrada a 12 cargos electos y otras personas. Su canciller, Gideon Sa’ar, acusó a un «Gobierno laborista hostil» de aplicar el boicot solo contra el Estado judío.

El trasfondo: la tesis del islamoizquierdismo

Para una corriente de pensadores, este giro no es una anécdota, sino un síntoma. El término «islamoizquierdismo» se atribuye a Pierre-André Taguieff, que en 2002 lo usó para describir la alianza entre activistas de izquierda e islamistas en torno a la oposición a la ocupación israelí. Taguieff y una veintena de académicos sostienen que cuestionar las teorías dominantes sobre raza, género y poscolonialismo dificulta hoy la carrera universitaria.

Quienes defienden esta tesis encuentran en el Reino Unido datos que la apoyan. En 2019, el 80 % de los musulmanes votó laborista; en 2024, en circunscripciones con al menos un 10 % de población musulmana, el partido perdió 12 puntos. Cuatro de los cinco escaños que cedió a independientes se ganaron movilizando a ese electorado por Gaza, y los Verdes fueron acusados de llevar a cabo una campaña «sectaria» al pedir «castigar» a Labour. Jóvenes y musulmanes migraron, además, hacia los Verdes.

En esa lectura, un laborismo que compite por ese voto y por el de su ala izquierda acaba endureciendo su política exterior, y las medidas de Miliband y Burnham serían la consecuencia.

La geopolítica de fondo

El giro llega en plena guerra regional. En 2026, Starmer negó a Trump el uso de bases británicas para atacar Irán y luego autorizó acciones «defensivas», lo que abrió una grieta con Washington. Burnham busca otro equilibrio: le dijo a Trump que Irán nunca debe tener armas nucleares y que el Reino Unido está listo para ayudar a reabrir el estrecho de Ormuz. Un análisis advierte que deberá ceder ante Trump en Irán y, a la vez, contener a la izquierda laborista, que exige cambios radicales.

Londres se endurece con Israel en Cisjordania, pero se acerca a Washington en Irán. Francia y Canadá se sumaron a las medidas, mientras que el embajador de EE. UU., Mike Huckabee, las tachó de discriminatorias. El Gobierno británico advirtió, además, de que expulsar a sus diplomáticos socavaría el plan de paz para Gaza.

El resultado es un aliado histórico de Israel que ya no se ve a sí mismo como su garante, sino como su crítico.

Lo que responden sus críticos

Quienes rechazan el concepto sostienen que la derecha lo usa de forma abrumadora en redes desde 2016 y que sirve, sobre todo, para desacreditar a un sector político. Recuerdan que Labour también perdió voto musulmán tras la guerra de Irak en 2003, sin un realineamiento duradero, y que Miliband dice oponerse al movimiento BDS.

Por: Salvador Levy- Analista politico

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