La población iraní observa con preocupación las elecciones legislativas de medio mandato de Estados Unidos, previstas para el 3 de noviembre, ante el temor de que una eventual derrota republicana en el Congreso no impida una nueva escalada militar contra el país, luego de casi ocho meses de guerra.
Entre quienes anticipan una posible reanudación de los ataques se encuentra Melika, una arquitecta de 42 años residente en el norte de Teherán, quien considera que el resultado electoral no necesariamente cambiará las decisiones del presidente estadounidense, Donald Trump.
“No creo que una posible derrota de los republicanos en las elecciones afecte mucho la decisión de Trump, incluso podría enfadarlo más y llevarlo al extremo”, declaró.
La mujer teme que, en ese escenario, puedan convertirse en objetivos las infraestructuras esenciales, incluidas las centrales eléctricas.
La incertidumbre también ha llevado a algunas familias a tomar precauciones. Sasan, un contable de 38 años, contó que sus familiares han comprado alimentos enlatados, almacenado agua y preparado una maleta ante la posibilidad de abandonar Teherán o salir del país por la frontera terrestre con Turquía.
“Me preocupa que después de las elecciones vuelvan a atacar y que terminemos con más destrucción, más pobreza y el mismo sistema gobernante y con mayor represión”, expresó.
El profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Shahid Beheshti, Heidar Alí Masudi, comparte la preocupación y sostiene que una derrota republicana en ambas cámaras del Congreso no impediría necesariamente nuevas acciones militares contra Irán.
En declaraciones a Khabar Online, explicó que el presidente estadounidense conservaría amplias facultades en materia de política exterior y seguridad. Además, recordó que el nuevo Congreso comenzará sus funciones en enero, por lo que Trump dispondría de casi dos meses antes de que entre en funciones la nueva mayoría.
Las amenazas después de las elecciones
Trump ha relacionado el desenlace de la guerra con el calendario electoral durante sus actividades de campaña en apoyo a los candidatos republicanos.
A comienzos de octubre afirmó que el conflicto “terminará muy pronto y probablemente justo después de las elecciones de medio mandato”, aunque no ofreció detalles sobre un posible acuerdo o plan.
Por su parte, The New York Times y ABC News informaron que Estados Unidos e Israel habían elaborado planes para reanudar los ataques contra Irán, posiblemente después del 3 de noviembre. Sin embargo, su ejecución dependería de una decisión del mandatario estadounidense.
Desde Teherán, el ministro de Exteriores iraní, Abás Araqchí, respondió el domingo con un mensaje de continuidad: “Haya guerra o no, nuestras políticas seguirán siendo las mismas”.
En el ámbito militar, el jefe del Estado Mayor iraní, el mayor general Alí Abdolahi, advirtió que su país no permitirá la entrada de buques militares estadounidenses al golfo Pérsico.
El estrecho de Ormuz y el impacto económico
Las tensiones también están relacionadas con el estrecho de Ormuz, una ruta estratégica para el comercio internacional de petróleo, cuyo funcionamiento se ha convertido en un factor de presión económica y política en medio del conflicto.
Las Fuerzas Armadas iraníes han informado desde comienzos de octubre de una veintena de embarcaciones supuestamente atacadas o afectadas por minas en el estrecho y sus alrededores.
Trump acusó a Teherán de intentar elevar los precios del petróleo antes de las elecciones estadounidenses. En un mensaje publicado en Truth Social, sostuvo que Irán estaba haciendo todo lo posible para encarecer el crudo y lo acusó de inventar incidentes en la zona.
El mandatario aseguró que por Ormuz circula más petróleo que antes de la guerra. Entretanto, el Comando Central de Estados Unidos afirmó que más de 3,000 buques comerciales habían atravesado el estrecho durante seis meses con el apoyo de sus fuerzas.
Pese a esas declaraciones, los precios del petróleo se mantienen por encima de los niveles registrados antes del conflicto.
La presión económica también afecta a Irán, donde la situación se ha deteriorado por el cerco naval contra sus puertos y el endurecimiento de las sanciones estadounidenses. Según los datos citados en el informe, el país registra una inflación interanual del 89 %, mientras su moneda ha perdido un 62 % de su valor frente al dólar desde el inicio de la guerra.
A pesar de estas dificultades, la República Islámica mantiene sus condiciones para reabrir el estrecho de Ormuz y avanzar en negociaciones sobre su programa nuclear. Entre sus exigencias figuran el fin de las hostilidades en todos los frentes, el levantamiento de las sanciones al petróleo iraní, el fin del cerco naval estadounidense y la liberación de sus activos congelados.




