Hay un relato cómodo que se repite en tertulias y en algunos círculos del propio oficialismo: que el Partido Revolucionario Moderno solo tiene un camino seguro hacia 2028 y que ese camino se llama David Collado. Es un relato que ignora lo que ya ocurrió en las urnas, lo que muestran las tendencias y lo que está midiendo la gente cuando deja de hablar de “el candidato estrella” y empieza a hablar de gestión. El PRM no es un vehículo de una sola persona. Es un partido que acaba de gobernar con números, que retuvo la capital con un resultado contundente y que hoy tiene, en Carolina Mejía, una figura con techo de crecimiento todavía abierto.
En febrero de 2024, Carolina Mejía no “acompañó” una ola. La encabezó en el Distrito Nacional. Fue reelegida con 61.11 % de los votos frente a Domingo Contreras. Primera mujer alcaldesa de la ciudad primada y primera en ser reelegida con un puntaje de esa magnitud. El PRM, además, se quedó con 120 de 158 alcaldías. Eso no es un accidente de campaña presidencial. Es estructura, es territorio y es voto que ya reconoció una forma de gobernar la capital. Quien reduce todo a un solo nombre está mirando el 2028 como si el 2024 no hubiera existido.
Las encuestas de 2026 no cuentan una sola historia. Cuentan dos velocidades. En varias mediciones internas del PRM, David Collado sigue concentrando una porción alta de simpatizantes —59.9 % en ACD Media de agosto, 62 % en CID Latinoamérica de septiembre—. Eso es real. También es real que ese dominio partidario no se traduce de forma automática en un salto ilimitado en la población general. En ACD, Collado pasó de 40.4 % a 39.8 % entre quienes evalúan las opciones del PRM, mientras Carolina subió de 13.5 % a 18.4 %. Él se mantiene. Ella crece. Esa diferencia de pendiente es el dato que el mito no quiere ver.
La medición más reciente de IDEAME, levantada entre el 21 y el 27 de septiembre de 2026 con 6,000 entrevistas personales, rompe el relato de la candidatura única. En el escenario interno amplio del PRM, Carolina Mejía obtiene 43.4 % y David Collado 40.7 %. En el cara a cara, ella 50.0 % y él 45.8 %. La misma firma le otorga 78.4 % de aprobación a su gestión municipal. Y en un escenario presidencial con Leonel Fernández, Gonzalo Castillo y Santiago Matías, Carolina y Leonel quedan empatados en 40 % cada uno. No es un sondeo aislado de “ambiente”. Es una fotografía de que el electorado ya no trata a Carolina como figurante.
Ese empate de 40-40 importa más que cualquier eslogan. En julio, Global Trend Research había colocado a Leonel con 38.5 % frente a Collado (35.7 %) y Gonzalo; frente a Carolina, Leonel subía a 40.4 % y ella quedaba en 30 %. La brecha no era idéntica. Pero la tendencia posterior, la de IDEAME, muestra a Carolina cerrando esa distancia hasta el empate. Cuando se compara a ambos con Leonel, la ventaja de uno sobre el otro no es un abismo estructural. Es un margen estrecho, movible, que depende de campaña, de unidad y de quién logre hablarle al votante que todavía no se decide. El 18.9 % que en julio no sabía por qué partido votar y el 25.3 % que no definía candidato no son un detalle técnico. Son el terreno donde se gana o se pierde 2028.
David Collado tiene méritos que nadie serio le niega. El turismo ha sido una de las vitrinas del gobierno. Tiene conocimiento nacional alto, arrastre y una marca personal fuerte. Precisamente por eso hay que hablar de techo. Cuando un dirigente ya es ampliamente conocido, ya concentra la mayor parte del voto “fácil” del partido y, aun así, en escenarios abiertos se mueve en una franja de 20 % a poco más de 35-40 % según la pregunta y la firma, el crecimiento adicional se encarece. Cada punto extra le cuesta más. Carolina parte de otra lógica: 93 % de conocimiento en la última IDEAME, rechazo electoral bajo (2.7 % en la medición de julio) y liderazgo regional, especialmente en el Sur. Quien tiene menos rechazo y más espacio para sumar independientes suele ser quien más rinde cuando la campaña se nacionaliza.
Hay un punto humano que la política dominicana a veces olvida. La gente no vota un afiche. Vota la calle que le arreglaron, el parque que le devolvieron, la sensación de que alguien está al frente y no solo de gira. Carolina lleva seis años gobernando Santo Domingo. Esa experiencia no se improvisa con un ministerio de alto perfil. Tampoco se improvisa el capital político de una mujer que ya rompió un techo municipal y que, en rankings internacionales de alcaldes capitalinos, ha aparecido como una de las mejor valoradas de América Latina, con aprobaciones que en distintos meses se movieron entre 57 % y más de 62 % de imagen positiva. Eso no garantiza la presidencia. Sí desmiente la idea de que el PRM “no tiene con qué” si no es David.
El PRM llega a esta discusión con el partido todavía primero en intención de voto: 29.1 % en ACD de julio, 36.2 % en IDEAME de julio, 38.4 % en la de septiembre. Fuerza del Pueblo ronda el 21-27 % y el PLD queda más atrás. Esa ventaja partidaria es el verdadero activo. Luis Abinader no estará en la boleta de 2028. El gobierno, sí, en la memoria del votante. Si el oficialismo se convence de que solo un nombre salva la continuidad, corre el riesgo de convertir una fortaleza colectiva en una pelea de facciones. La historia del PRD está llena de advertencias de ese tipo. El PRM las conoce.
Nadie está diciendo que David Collado sea un candidato débil. Está diciendo algo más sencillo y más incómodo para el mito: el PRM puede ganar con Carolina Mejía. Los números municipales ya lo anticiparon. Las tendencias de 2026 lo están confirmando. Y cuando se sienta a Carolina y a David frente a Leonel, la diferencia no es la de un salvavidas contra un experimentado. Es la de dos cartas competitivas de un mismo partido que todavía tiene mayoría relativa y un electorado que no ha cerrado el libro. El que reduzca 2028 a un solo apellido está haciendo política de costumbre. El país, en las encuestas y en las urnas recientes, ya empezó a hacer política de opciones.




