En el mundo de la Iglesia Católica, pocos momentos pueden ser tan trascendentales como la elección de un Papa, un cargo que ha sido tradicionalmente dominado por cardenales de Europa. Sin embargo, el papado ha sido un reflejo de los cambios sociales y políticos globales, y un episodio interesante en esta evolución es el casi-papado del cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, un dominicano que, en 2005, estuvo muy cerca de ser el primer Papa latinoamericano.
En ese año, el mundo entero estaba mirando el cónclave que seguiría a la muerte del Papa Juan Pablo II. Se especulaba sobre quién sería el elegido para llevar la batuta de la Iglesia en un momento de transición histórica. Entre los cardenales más mencionados en la prensa internacional estaba Nicolás de Jesús López Rodríguez, arzobispo metropolitano de Santo Domingo y uno de los prelados más influyentes de América Latina. El periódico italiano La República, en un reportaje exhaustivo sobre los posibles sucesores, lo incluyó en la lista de los cardenales latinoamericanos que podrían ser considerados para el papado.
El hecho de que un dominicano estuviera en esa lista de candidatos fue, sin duda, un hito en la historia de la Iglesia. En un momento en que la región latinoamericana representaba una gran parte del catolicismo mundial, la posibilidad de que un latinoamericano pudiera ocupar el trono de San Pedro no solo era plausible, sino que también simbolizaba un cambio en la estructura de poder eclesiástica, desplazando el tradicional dominio europeo. López Rodríguez, conocido por su fuerte carácter y su influencia dentro y fuera de la Iglesia, se convirtió en un nombre que muchos vieron como una señal de los tiempos cambiantes.
Sin embargo, como bien se sabe, la historia siguió otro camino. En lugar de Nicolás de Jesús, el cardenal alemán Joseph Ratzinger fue elegido como Papa Benedicto XVI. A pesar de la cercanía de López Rodríguez a ese histórico momento, nunca fue candidato serio dentro del círculo de votantes del cónclave, en parte debido a su personalidad controversial y su estilo de liderazgo. Aunque nunca manifestó abiertamente su deseo de convertirse en Papa, su inclusión en las especulaciones y en la lista de La República fue suficiente para que muchos reflexionaran sobre la posibilidad de un papado latinoamericano.
En retrospectiva, la pregunta que queda es si el nombramiento de Nicolás de Jesús como Papa hubiera sido una verdadera revolución para la Iglesia. Si bien su carácter fuerte y su postura conservadora podrían haber sido tanto un punto a favor como en contra, su elección habría representado un paso monumental para América Latina, una región históricamente marginada en los más altos niveles del Vaticano. Esto no solo hubiera sido un reconocimiento al poderío del catolicismo latinoamericano, sino también un mensaje de apertura hacia las realidades culturales y políticas de un continente que, hasta entonces, había sido visto como periférico en términos de influencia dentro de la Iglesia.
Sin embargo, no debemos perder de vista que el mundo eclesiástico tiene sus propios códigos y dinámicas. Aunque América Latina es el hogar de la mayor parte de los católicos del mundo, los cardenales del cónclave de 2005 decidieron mantener la tradición europea, eligiendo a Benedicto XVI. Esto no significa que Nicolás de Jesús no haya sido un candidato serio, sino que el Vaticano se inclinó por un perfil más conservador, considerando su experiencia en la Curia romana y su cercanía a las políticas del Papa Juan Pablo II.
A pesar de no haber llegado a ser Papa, la figura de Nicolás de Jesús López Rodríguez sigue siendo un referente para la Iglesia en América Latina. Su inclusión en la lista de posibles papas en 2005 fue un reconocimiento a la importancia de la región dentro de la Iglesia Católica, aunque en aquel momento aún no estaba preparado para un cambio tan radical en la jerarquía eclesiástica. Quizá, en un futuro, veremos a otro latinoamericano ocupar el papado, pero 2005 fue la prueba de que, aunque no fue él, la posibilidad de un Papa latinoamericano estuvo más cerca que nunca.
Al final, la historia recordará a Nicolás de Jesús como un cardenal influyente y un líder religioso que, por poco, se convirtió en el primer Papa latinoamericano. Aun así, su legado perdura más allá de los pasillos del Vaticano, reflejando el potencial de América Latina para influir, no solo en la Iglesia, sino también en el destino global de la fe católica.





