Hoy, la Iglesia Católica se prepara para despedir al Papa Francisco, quien, tras un largo pontificado lleno de desafíos y transformaciones, ha partido de este mundo. La ceremonia de su fallecimiento está marcada por un profundo simbolismo religioso y una solemne reverencia hacia su legado.
La oración inicial, dirigida a Dios Todopoderoso, expresa la esperanza de que la vida del Papa Francisco, ahora escondida en el Señor, sea iluminada por la verdadera luz, aquella que solo brota de Él, fuente inagotable de vida. Su rostro, que se ha apagado en este mundo, es encomendado al cuidado divino, mientras la comunidad cristiana confía en que ahora podrá ver el rostro de Dios.
El rito continúa con una serie de signos simbólicos. Se asperja el cuerpo del Papa con agua bendita, recordando su bautismo, y se introducen en el ataúd dos elementos representativos de su pontificado. Una bolsa con monedas y medallas, que simbolizan los eventos significativos de su papado, y un tubo con el «rógito», un documento firmado por los presentes que recoge oficialmente su vida y obra. Estos actos de veneración reflejan la importancia histórica de su misión como líder de la Iglesia Católica.
El ataúd, simplificado por el propio Papa Francisco, está sellado con los sellos oficiales del Cardenal Camarlengo y de las principales autoridades vaticanas, un gesto de protección y respeto hacia su cuerpo y su legado. Sobre la tapa del ataúd se colocan una cruz, su escudo y una placa con su nombre y los años de su vida y ministerio.
Durante la ceremonia, se entonan los salmos 41 y 26, himnos de esperanza en la resurrección y de sed de la presencia divina, que acompañan a los fieles en su plegaria por el eterno descanso del Papa Francisco. El Regina Coeli, himno mariano de la Pascua, también es cantado, pidiendo la intercesión de la Virgen María para el Papa difunto.
Este rito de despedida culminará mañana con la misa exequial, donde los fieles podrán rendir homenaje a la figura del Papa Francisco y orar por su alma, mientras se cierra este capítulo de la historia de la Iglesia con la esperanza de la vida eterna en Cristo.




