El director de la CIA, John Ratcliffe, informó a legisladores estadounidenses que un reciente ataque militar destruyó la única instalación iraní dedicada a la conversión de uranio en metal, un paso esencial para fabricar una bomba atómica.
Ratcliffe calificó el golpe como “monumental” y aseguró que retrasará el programa nuclear de Irán por años.
Durante una sesión informativa clasificada, Ratcliffe explicó que la mayor parte del uranio enriquecido por Irán sigue enterrado bajo escombros tras los bombardeos en instalaciones nucleares clave en Isfahan, Fordow y Natanz. Sin embargo, destacó que la pérdida de la instalación de conversión de metal elimina la capacidad de Teherán para construir armas nucleares en el corto y mediano plazo.
La instalación destruida estaba en Isfahan, donde se transforma el gas de uranio enriquecido en metal denso, un proceso imprescindible para el núcleo explosivo de una bomba atómica.
Funcionarios estadounidenses y el secretario de Estado Marco Rubio confirmaron que la instalación fue completamente borrada.
El jefe del Organismo Internacional de la Energía Atómica, Rafael Grossi, reconoció que aunque los ataques causaron daños severos, no destruyeron totalmente todas las capacidades nucleares iraníes y advirtió que Irán podría reanudar su programa si retoma las actividades y permite la inspección internacional.
Por último, Ratcliffe subrayó que las defensas aéreas de Irán quedaron destrozadas, lo que facilitaría futuros ataques israelíes para impedir la reconstrucción del programa nuclear iraní.




