El presidente Luis Abinader ha fortalecido su coalición política tras las elecciones de 2024 con la distribución de cargos en el gobierno y en organismos internacionales como recompensa a los partidos que respaldaron su candidatura. En un acto reciente en el Salón Anacaona del Hotel Jaragua, Abinader suscribió un pacto con 25 agrupaciones políticas bajo la plataforma RD AVANZA, reafirmando los vínculos que le permitieron obtener un 57.44% de los votos en los comicios presidenciales.
Las organizaciones que prestaron su casilla electoral al Partido Revolucionario Moderno (PRM) han sido retribuidas con puestos en el tren gubernamental, candidaturas respaldadas en los niveles congresual y municipal, y espacios en el Parlamento Centroamericano (Parlacen).
Entre los beneficiados destaca Dominicanos por el Cambio (DxC), cuyo presidente, Eduardo Estrella, encabeza el Ministerio de Obras Públicas.
El Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) también fue favorecido con el respaldo a las candidaturas del senador Rogelio Genao y su hijo, diputado en La Vega.
Otras designaciones incluyen la de Hanoi Sánchez como cónsul general en Sao Paulo, Modesto Guzmán como director de Desarrollo a la Comunidad, y Luis Miguel De Camps como ministro de Trabajo. En el exterior, figuras como Fidel Santana fueron nombradas embajadores, y decenas de dirigentes aliados ocupan curules o suplencias en el Parlacen.
En el ámbito diplomático, líderes como Juan Cohen (PNVC) y Max Puig (APD) también ocupan roles claves en embajadas y consejos gubernamentales, mientras que partidos como Justicia Social obtuvieron posiciones relevantes como la Superintendencia de Seguros.
No obstante, el reparto no ha sido equitativo. Alianza País, liderado por Guillermo Moreno, y el Partido Popular Cristiano (PPC) han expresado su inconformidad por no haber sido tomados en cuenta en los nombramientos, a pesar de su respaldo al oficialismo. En particular, Ángel Peguero, dirigente del PPC, ha manifestado su descontento y decepción por la falta de reconocimiento político.
A pesar de algunas quejas, la estrategia de Abinader parece apuntar a consolidar una base política amplia y diversa, premiando la lealtad de los aliados con presencia en el Estado, tanto a nivel nacional como internacional.




