Durante más de 50 años, culpamos erróneamente a las grasas por las enfermedades cardíacas. ¿La razón? La industria azucarera pagó a científicos para desviar la atención.
Una investigación publicada por JAMA Internal Medicine y difundida por NPR en 2016 reveló uno de los mayores escándalos científicos en el campo de la nutrición: en la década de 1960, la industria del azúcar pagó en secreto a investigadores de Harvard para minimizar los riesgos del consumo de azúcar y culpar exclusivamente a las grasas por las enfermedades del corazón.
Un pago silencioso con grandes consecuencias
El proyecto fue financiado por la Sugar Research Foundation (SRF), una organización que representaba los intereses de los productores de azúcar. A través de pagos equivalentes a unos 50,000 dólares actuales, SRF encargó una revisión científica cuyo objetivo era “refutar” las crecientes sospechas sobre el vínculo entre el azúcar y las enfermedades cardiovasculares.
La revisión fue publicada en 1967 en la prestigiosa revista The New England Journal of Medicine, sin revelar el conflicto de intereses. En ella, se descartaban estudios que señalaban al azúcar como un factor de riesgo, y se culpaba directamente a las grasas saturadas como principal causa de los infartos.
¿Por qué esto fue tan grave?
Las revisiones científicas tienen un gran peso en la comunidad médica. Influyen en políticas públicas, guías nutricionales y decisiones médicas. Con este informe sesgado, la industria azucarera logró que por décadas se promovieran dietas “bajas en grasa” pero altas en carbohidratos y azúcares añadidos, sin que la mayoría del público supiera el riesgo que esto representaba para su salud.
Según Stanton Glantz, uno de los investigadores de la denuncia, este caso representa un claro ejemplo de cómo una industria puede manipular el debate científico para su conveniencia.
Un patrón que se repite
Este caso no es un hecho aislado. Otras investigaciones han demostrado cómo industrias como la de los alimentos procesados o las bebidas azucaradas financian estudios que tienden a favorecer sus productos. La falta de transparencia en el financiamiento académico ha tenido efectos duraderos en la salud pública, fomentando la obesidad, la diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.
Hoy, ¿quién controla la narrativa?
Actualmente, las revistas científicas exigen que se declare cualquier conflicto de interés, pero eso no elimina por completo el problema. El legado de esa manipulación aún se siente: millones de personas siguen creyendo que lo peligroso es la grasa, cuando en realidad el exceso de azúcar también es altamente perjudicial.




